Trump amenaza con aranceles a los países que no acepten sus planes en Groenlandia
INTERNACIONAL
El presidente estadounidense sostiene que «necesita» la isla para reforzar su seguridad nacional
17 ene 2026 . Actualizado a las 13:10 h.El presidente estadounidense, Donald Trump, adelantó este viernes que podría imponer una subida de aranceles a los países que no acepten sus planes para hacerse con el control de Groenlandia, bajo el argumento de que la isla es central para los intereses de EE.UU.
«Puede que imponga un arancel a los países que no acepten lo de Groenlandia, porque necesitamos Groenlandia para la seguridad nacional. Así que puede que lo haga», dijo Trump en una mesa redonda sobre la asistencia sanitaria en el medio rural.
Desde su regreso a la Casa Blanca en enero del 2025, el republicano ha usado los aranceles como herramienta política contra sus socios comerciales, llegando a elevar hasta en un 50 % las tasas sobre las importaciones de Brasil y la India, como represalia por el tratamiento al expresidente Jair Bolsonaro y la compra de crudo ruso, respectivamente.
Las palabras del mandatario llegan después de que Dinamarca, de quien depende el territorio autónomo de Groenlandia, anunciara un incremento inmediato de su presencia militar en la isla y la realización de maniobras, de cara a rebajar las inquietudes de Washington en torno a la seguridad de esa nación insular y la región ártica.
Francia, Alemania, Reino Unido, Suecia, Noruega, Finlandia, Países Bajos se han sumado a la iniciativa y han enviado o enviarán tropas también a Groenlandia, codiciada por el Gobierno Trump con el argumento de reforzar su «seguridad nacional» y de que caiga en manos de China o Rusia.
La Casa Blanca aseguró este jueves que estos movimientos no afectan «en absoluto» al objetivo de Trump de controlar Groenlandia, rica también en metales preciosos y tierras raras.
El Gobierno danés ha insistido en la soberanía de la isla y rechazado las pretensiones de Washington, aunque se comprometió a la creación de un grupo de trabajo con el Gabinete de Trump para abordar las «discrepancias» sobre el tema.
De la compra de Groenlandia a una autonomía dentro de Estados Unidos
Trump ha ordenado a su equipo reactivar los planes, que ya fracasaron hace un año, para obtener algún control sobre el territorio ártico y sus yacimientos
Miguel Pérez
La Casa Blanca se ha tomado muy en serio conseguir el control de Groenlandia. Lo que en principio parecía en Europa —y entre muchos estadounidenses— una boutade más de Donald Trump, ha devenido en una conjunción de cerebros que estudian algún tipo de acuerdo que dote al Gobierno de EE.UU. de poder sobre la isla. El principal argumento de esta operación es reforzar la seguridad nacional por el flanco norte, y también la del bloque occidental, con un poderoso despliegue militar en un enclave enfrentado a Rusia y a una distancia plausible de China, el Estado sin fronteras polares «más cercano al Ártico».
Sin embargo, en la trastienda de esta dinámica se encuentran los ricos yacimientos de minerales, tierras raras y petróleo situados debajo de los hielos que ambiciona el inquilino del despacho oval. La capa helada cubre el 80 % del territorio autónomo danés: 2,1 millones de kilómetros cuadrados habitados por entre 56.600 y 61.000 vecinos. Harry Truman quiso comprar este pedazo del Ártico por 100 millones de dólares en oro en 1948. Trump intentó hacer lo mismo que su predecesor en el 2019, durante su primer mandato, y tampoco lo logró. Ahora vuelve a las andadas y, como es habitual en él, a su manera.
La Administración ya estudió el año pasado las posibilidades de anexión de la isla y abandonó la idea totalmente abrumada. Pero cuando el 4 de enero, tras el asalto a Venezuela, Trump comenzó a hablar de posibles nuevas operaciones territoriales y mencionó Groenlandia, todo su equipo, que no se lo esperaba, volvió a desempolvar las alternativas. Trump incluso no descarta la tan comentada intervención militar.
La Compra
La opción más llamativa y también descabellada. El presidente estadounidense quiere comprar Groenlandia. Es su primera y preferida opción. De esa manera detentaría el poder absoluto sobre toda la isla y podría trabajar a placer en sus yacimientos. Algo parecido a Venezuela y su crudo. Ha reclamado a sus asesores que le presenten un plan viable de adquisición y una valoración económica. El secretario de Estado, Marco Rubio, sondeó el miércoles a los jefes de la diplomacia danesa y groenlandesa sobre la posibilidad de la venta.
Para el dueño de la Torre Trump, posiblemente todo tiene un precio. Hace siete años hizo una oferta entre 30.000 y 70.000 millones de dólares. Hoy la oferta de la Casa Blanca se acerca al billón: 700.000 millones de dólares. Y ni aún así parece realista. Un cálculo preciso requeriría conocer con exactitud el valor de los yacimientos —inmenso solo con las tierras raras— y determinar cuánto y cuándo podría extraerse sin dañar la capa helada ni destruir el entorno natural. Ya solo esta premisa hace improbable una compra asequible que no perjudique seriamente la economía estadounidense. Pero además debería contar con la aprobación de los dos Gobiernos, el autónomo de Groenlandia y el de Dinamarca. Ninguno está por la labor. Finalmente habría que someter la decisión a referendo. El año pasado, los estudios dieron como resultado que el 85 % de los habitantes no quería depender de Estados Unidos. Donald Trump Jr. hizo un viaje y nadie le recibió.
Libre comercio
Una asociación habitual, pero que no incluye los minerales. Sin guardar la chequera, Estados Unidos explora la vía diplomática y establecer algún tipo de compromiso con los isleños, al modo de un pacto inversor o acuerdos de libre asociación o comerciales. Es un instrumento bastante habitual. Europa, México, el Mercosur o China, que lo mantiene con varias naciones del Sudeste Asiático, son ejemplos de ello.
¿Qué podría ofertar la Casa Blanca? Eliminación de aranceles, incremento del intercambio comercial favorable a los isleños y hasta recursos gratuitos, a cambio de más tropas y equipos de defensa sobre el suelo helado groenlandés. Ese que los militares definen como el «mayor portaviones insumergible» del Atlántico Norte. Sin embargo, el problema es que un acuerdo así no resolvería automáticamente el objetivo de Trump de extraer minerales. Requeriría otra negociación aparte, un toma y daca económico y convencer a las autoridades de aspectos como que la protección medioambiental está garantizada.
La OTAN
Convencer a Europa de que tendrá más seguridad. Trump siempre tiene la opción de llamar a la puerta de la OTAN y convencerla de que intermedie ante las autoridades danesas y groenlandesas para que autoricen la anexión del territorio a EE.UU., todo ello en aras de la seguridad global. Al fin y al cabo, una mayor protección para un aliado lo es para todos y Washington puede tratar de manejar —ya la hace— el miedo nórdico a su vecino ruso. Sin embargo, la Alianza puede contar de entrada con la negativa de sus dos interlocutores. «Nada sucede en Groenlandia sin los groenlandeses», ha advertido la primera ministra danesa. El proceso negociador sería además extremadamente largo y Trump quiere un acuerdo cuanto antes y durante su mandato.
La otra realidad es que tal parafernalia es innecesaria. El Pentágono puede aumentar su presencia en la isla ártica de forma natural en virtud de un acuerdo de 1956 firmado en plena Guerra Fría. Ya dispone de una base operativa, que monitoriza el programa balístico ruso de grandes misiles hipersónicos, y podría multiplicar las instalaciones —en su momento dirigió seis bases— y llevar tropas hasta un determinado cupo invocando el tratado. ¿Qué sucede? En ningún apartado se menciona que tendría derecho a minerales.
Puerta a Puerta
Convencer a los isleños que con América se vive mejor. No es una estrategia nueva. Funcionarios estadounidenses viajan regularmente a Groenlandia para sondear a sus habitantes y sembrar la idea de que con América se vive mejor y más feliz, con acceso a múltiples posibilidades, recursos y productos. ¿Parece una tontería? En absoluto. Hasta el vicepresidente JD Vance se prestó a esta labor misionera el año pasado en una visita donde advirtió a los inuit que viven próximos a las amenazas rusa y china y que el paraguas militar danés no será suficiente para protegerlos.
Cuando Trump quiso poner en marcha la anexión en el 2025 se planteó ofrecer a Groenlandia una cifra superior a los casi 1.000 millones de euros que Copenhague paga a la autonomía ártica en concepto de ayudas y financiación de servicios básicos como la Policía, a cambio de romper la relación y convertirse en un territorio dependiente de Estados Unidos. Sin embargo, tropezó con la oposición vecinal. La oposición independentista groenlandesa no descartan abrir conversaciones «directas» con Washington «sin el filtro danés».