Biden actúa como presidente «de facto» y presenta su plan contra la pandemia

Otra de sus medidas es la aprobación de un paquete de estimulo económico

El presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden
El presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden

Nueva York / E. La Voz

Joe Biden tuvo un lunes productivo. Sin esperar a tomar posesión del cargo el próximo de 20 de enero, el presidente electo presentó su primera acción de gobierno para luchar contra la pandemia cuando Estados Unidos se acerca a los 10 millones de casos de coronavirus y se han perdido millones de empleos. «Os lo ruego, poneos la mascarilla, hacedlo por vosotros, por vuestros vecinos. No es un acto político, es una forma de recuperar nuestro país», suplicó en su primera comparecencia tras el discurso de la victoria con tono presidencial. Un mensaje que da un giro de 180 grados en la guerra ideológica abierta por Donald Trump contra el uso de la mascarilla. Las medidas llegan justo después de un fin de semana vertiginoso en el que Biden consolidó su victoria electoral frente a un presidente que se niega a admitir la derrota con acusaciones de fraude electoral sin pruebas. Y poco después de que la farmacéutica Pfizer y su socio alemán BioNTech anunciaran que su vacuna contra el coronavirus tiene un 90 % de eficacia. Dos movimientos en los que algunos vieron una coreografía coordinada. «La coincidencia es bastante sorprendente. Nada raro sobre el momento de esto en absoluto, ¿verdad?», tuiteó el hijo de Trump, Donald Jr.

El republicano se apuntó el tanto después de que los índices de Wall Street subieran con fuerza en la apertura en respuesta al anuncio. «¡Qué gran noticia!», escribió en Twitter, tras prometer durante la campaña que el remedio estaría listo tras las elecciones. La Administración Trump pagó 1.950 millones de dólares a la farmacéutica por 100 millones de dosis iniciales de la vacuna.

Presión al Congreso

La primera acción del tándem Biden-Harris es la creación de un comité de trece miembros formado por inmunólogos, epidemiólogos, expertos en biodefensa y funcionarios de primer nivel de salud pública. «Nos enfrentamos a un invierno muy oscuro», reconoció Biden. La amenaza no solo está en la tercera ola de infecciones por la que atraviesa EE.UU., sino en los millones de ciudadanos en riesgo de pobreza. Por eso, Biden tomará un papel activo en las negociaciones del Congreso para aprobar un nuevo paquete de estímulo económico, que incluye un cheque de estímulo, beneficios por desempleo y varias medidas para brindar ayuda financiera adicional a los afectados. La mayoría republicana en el Senado puede complicarle sacar adelante las medidas.

Durante los próximos dos meses y medio, antes de la toma de posesión, el presidente electo tendrá que afrontar la presión de los demócratas que esperan la Administración más progresista desde Franklin D. Roosevelt y la influencia de los intereses de Wall Street y Silicon Valley que invirtieron dinero en su campaña.

Entretanto, han comenzado las quinielas sobre quiénes formarán parte del Gobierno de Biden. Ya suenan nombres como el de Michele Flournoy, exsubsecretaria de Defensa con Barack Obama para liderar el Pentágono, así como varias mujeres y afroamericanos para dirigir el Tesoro, entre ellas Lael Brainard, economista y miembro de la Reserva Federal, y Roger Ferguson, vicepresidente de este organismo con Bill Clinton y George W. Bush.

Trump no está dispuesto a ponérselo fácil. La persona designada para firmar la carta que permite abrir el período de transición, la administradora de los servicios generales del Estado, Emily Murphy, todavía no lo ha hecho.

Major, la mascota de Biden, será el primer perro adoptado que viva la Casa Blanca

El joven pastor alemán fue recogido del refugio canino de la protectora de animales de Delaware en el 2018

Miguel Lorenci

Responde al nombre de Major, es un joven, esbelto y cariñoso pastor alemán cuya triste vida cambió cuando Joe Biden lo rescató del refugio canino de la protectora de animales de Delaware en el 2018. Si Biden asume el cargo de presidente de EE.UU. el próximo 20 de enero, como parece que ocurrirá, Major será el primer can rescatado de una perrera que viva en la Casa Blanca y pueda sestear en las mullidas alfombras del despacho oval.

Más de 300 animales, entre perros, gatos, cabras, vacas, pájaros han sido inquilinos de Casa Blanca acompañando a los primeros mandatarios. Algunos tan mediáticos como Socks (calcetines), el gato de los Clinton. Pero Major no podrá gozar, con todo, del honor de ser la primera mascota presidencial rescatada. Este título es de Yuki, un perro callejero adoptado por Lyndon B. Johnson en 1966.

Major no es el único perro del matrimonio formado por Joe y Jill Biden, que tienen otro pastor alemán, Champ, adquirido a un criador en el 2008. Cuando era un cachorro, Major llegó al refugio junto con sus cinco hermanos, después de que la camada estuviera expuesta a toxinas. La madre y los cachorros recibieron una atención veterinaria de emergencia que les salvó la vida. Ashley Biden, hija del político, envió a su padre una alerta desde el refugio diciendo que se buscaban hogares para los perrillos y todos fueron adoptados.

La familia Biden ha exhibido con orgullo en las últimas semanas a Major en las redes. Aparece en una foto del día de adopción en la perrera, en un vídeo en el que lame cariñosamente el rostro de Biden, y en otras instantáneas familiares en las que Major y Champ descansan en sendos cojines, junto a la que será dentro de tres meses la primera dama estadounidense, y sosteniendo entre sus patas banderines electorales de la campaña de Biden. Ambos canes han sido utilizados por el político en su campaña electoral. El pasado 1 de noviembre el hoy presidente electo publicó un vídeo en el que aludía irónicamente al regreso de los perros a la Casa Blanca.

En una imagen se mostraba él mismo junto a Major, pero incluía el vídeo de un vociferante Donald Trump que por sus ademanes recordaba a un enrabietado can ladrador. Era una curiosa manera de polemizar con Trump, quien dijo que le parecería «falso» tener un perro y que no adoptaría ninguno por estar «demasiado ocupado» con su labor presidencial. «¿Cómo me vería paseando a un perro por el césped de la Casa Blanca?», se preguntó el inquilino del 1600 de la avenida Pensilvania hasta el 19 de enero, si todo va como prevé la Constitución.

Trump, el primero sin perro

Trump ha sido el primer presidente del país sin una mascota autorizada a acurrucarse a sus pies bajo el escritorio del Despacho Oval desde William McKinley. Presidente desde 1897 hasta su asesinato en 1901, McKinley tuvo, sin embargo, una curiosa colección de mascotas, con gallos, dos gatos y un loro llamado Washington Post capaz de silbar Yankee Doodle´.

Manifestantes armados mantienen su apoyo al magnate

 

m. p.

Siempre es duro perder los símbolos y este fin de semana la América profunda del supremacismo blanco ha visto apagarse el suyo. Donald Trump se marcha. Después de cuatro años de defensa de «la ley y el orden» al más puro estilo republicano y de haber enardecido a las milicias durante los disturbios antirracistas de estos últimos meses, los hombres y mujeres de las camionetas y los rifles se quedan sin el gobernante que refrendaba de alguna manera sus paseos intimidantes por las calles de Míchigan o Texas. La noche del domingo al lunes (madrugada en España) quisieron hacer una demostración más de su poder, pero quedó empequeñecida al lado de las concentraciones de los ciudadanos que festejaban la victoria del demócrata Joe Biden. También su declaración de «odio» a este fue ensordecida por los mensajes de felicitación al veterano de 77 años que dirigirá el país a finales de enero y que ha querido sellar las heridas abiertas entre demócratas y republicanos con un mensaje patriótico.

¿Cómo han respondido los grupos de ultraderecha a ese discurso patriótico? Con manifestaciones desperdigadas que han reunido a unos cuantos miles de personas en ciudades de Arizona o Texas, por poner dos ejemplos. En el condado de Maricopa (Phoenix), los supremacistas salieron a la calle con consignas como «Detened el robo», «Lucharemos hasta el final» o «Trump volverá a la Casa Blanca». Muchos de estos manifestantes llevaban armas, incluso semiautomáticas y rifles de asalto.

Hubo ciudades donde los periodistas tuvieron que ser escoltados tras ser increpados por manifestantes con pistolas al cinto. No hay que olvidar que desde el comienzo de la pandemia hasta la campaña electoral, los estadounidenses han comprado el doble de armas respecto al año anterior: 19 millones de unidades. Si la enemistad de las milicias de extrema derecha es de largo recorrido, en esta legislatura se ha visto acentuada por los continuos discursos de Trump que vinculan a Biden con el «comunismo».

La carrera electoral por el control del Senado ya mira a Georgia en enero

Si los demócratas ganaran las dos elecciones especiales en ese estado empatarían con los republicanos y contaría con el voto especial de la vicepresidenta electa

El recuento de los votos no ha terminado en Estados Unidos, pero una nueva carrera electoral con el control del Senado en juego está en marcha desde antes incluso de que los medios proclamaran presidente a Joe Biden.

Debido a la ley del estado de Georgia, si ningún candidato alcanza el 50 % de las papeletas, los dos más votados deben enfrentarse en una elección especial. Esta circunstancia se ha dado en las dos candidaturas de ese estado y la casualidad ha querido que tengan el poder de determinar quién controlará el Senado.

Aún quedan por declararse los vencedores de las elecciones al Senado en Carolina del Norte y Alaska, pero salvo sorpresa mayúscula, los republicanos ganarán ambas. Esto dejaría el Senado con 50 escaños republicanos y 48 demócratas.

Si los demócratas ganaran las dos elecciones especiales de Georgia empatarían con los republicanos y el voto especial de la vicepresidenta electa Kamala Harris le daría ventaja a la hora de aprobar legislación.

El sistema político de EE.UU. es un sistema bicameral por lo que para aprobar gran parte de la legislación es necesario que sea aprobada por la Cámara de los Representantes y el Senado.

Durante los dos últimos años de la presidencia de Trump, los demócratas controlaron la Cámara Baja, lo que forzó al Gobierno a negociar algunas de sus medidas y bloquear otras como el paquete de estímulos económicos para luchar contra la pandemia. Además, el Senado tiene atribuciones especiales como la de confirmar los jueces del Tribunal Supremo a propuesta del presidente, por lo que, si un juez del Supremo fallece o deja el cargo y el Senado está controlado por los republicanos, Biden debería pactar con al menos algunos senadores de este partido para aprobar a su candidato.

Por ello, las elecciones que enfrentan en Georgia a los senadores republicanos Kelly Loeffler y David Perdue frente a los demócratas Raphael Warnock y Jon Ossoff pueden ser claves en el desarrollo de la presidencia de Biden. A priori, tanto Loeffler, que el pasado martes venció a otro aspirante republicano que optaba a representar al partido en esta segunda vuelta, como Perdue parten como favoritos, pero el escenario podría cambiar. Warnock, Loeffler y Perdue recaudaron más de 20 millones de dólares de cara al 3 de noviembre, mientras que Ossoff recaudó él solo más de 30 millones (25,2 millones de euros), según la organización especializada en donaciones a políticos Open Secrets, unas cifras que volverán a incrementarse en el camino al 5 de enero. La mayoría está en juego.

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