«Nunca he visto un ambiente igual ni cuando el caso Watergate»

Los neoyorquino madrugaron para ir a votar en una ciudad sumida en una calma tensa

La primera aparición de Trump fue pasadas las 15.00 en la sede de su campaña en Arlington
La primera aparición de Trump fue pasadas las 15.00 en la sede de su campaña en Arlington

Nueva York / E. La Voz

Los neoyorquinos madrugaron este martes para ir a votar en una ciudad sumida en una calma tensa ante la incertidumbre de la noche electoral. A las seis de la mañana (doce del mediodía en España), hora de apertura de los colegios electorales, las largas colas eran la tónica general. Pero pasadas tres horas, el goteo de votantes se redujo al mínimo.

Lo mismo sucedió en lugares como Florida, Carolina del Norte o Georgia. Las históricas cifras del voto anticipado, más de 100 millones, un 72,8 % del total del 2016, marcaron una jornada electoral atípica por el miedo a la pandemia. 

«Estas elecciones van a afectar al mundo entero» «Estas elecciones van a afectar al mundo entero», comentaba Victoria Berrios, a las puertas de un colegio electoral situado en el barrio del East Village de Nueva York. A sus 58 años, y tras perder su trabajo en una editorial por la crisis del coronavirus, decidió presentarse voluntaria para ayudar en los comicios. «Nunca he visto un ambiente igual ni cuando el caso Watergate de Richard Nixon. Hay miedo», explicaba Berrio.

La madera contrachapada cubrió las fachadas de los negocios de la Quinta Avenida y del vecino barrio del Soho, así como de las principales ciudades de Estados Unidos por los posibles disturbios. Una imagen que enrareció unas elecciones convertidas en un plebiscito a la ola de populismo mundial. Pocos estadounidenses acudieron a las urnas con una idea clara de lo que iba a suceder por la noche, a pesar de la ventaja de más de seis puntos de Joe Biden sobre Donald Trump.

«Votar es todo lo que podemos hacer» «Estoy aquí para ayudar a votar a la gente mayor que tiene miedo del coronavirus», contaba Katryn B. Parlante, una joven voluntaria. «Se siente bien», añadía. Los sentimientos de los estadounidenses estaban tan polarizados como la política y la sociedad tras el primer mandato de Trump. Por un lado, el terror.

Por el otro, la esperanza. «Votar es todo lo que podemos hacer», decía Olga Villa, de origen puertorriqueño y profesora de instituto, después de depositar su papeleta acompañada de su madre, su hermana y su hija. Tres generaciones de mujeres que decidieron tomarse el día libre para acudir juntas. «Es muy especial para mí», comentaba Amanda, de 18 años. Era la primera vez que votaba.

«Nos ha cambiado la vida» Las principales preocupaciones de esta familia eran la división en la que está sumida el país, el recorte de derechos, la falta de oportunidades y, sobre todo, sobrevivir a una pandemia que les ha golpeado de lleno. «Nos ha cambiado la vida», reconocía una de ellas. Nueva York acudió a las urnas siendo la única ciudad de EE.UU. que mantiene a raya los niveles del infecciones de covid, tras ser el epicentro mundial la pasada primavera, gracias a sus medidas restrictivas. La ciudad que vio nacer y convertirse en magnate inmobiliario a Trump es su principal foco de resistencia y la prueba que puso en evidencia su gestión.

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