Berlín debate rebautizar la calle del moro

Decenas de farmacias, cafés y vías de Alemania llevan ese nombre racista


Berlín

Pelo rizado, labios gruesos y tez oscura. El clásico estereotipo del moro, una palabra procedente del latín que empleaban sobre todo los castellanos durante la Edad Moderna para referirse a las personas de origen africano, y que también existe en alemán como mohr. El término, que se remonta al pasado colonizador de la primera potencia europea, apenas se emplea hoy día en el lenguaje cotidiano. Sin embargo, aún da nombre a decenas de farmacias, cafés y calles de todo el país. Ello ha desatado la polémica, al calor del movimiento antirracista surgido en Estados Unidos Black Lives Matter.

Tras la muerte del afroamericano George Floyd a manos de la policía estadounidense en mayo, cobró fuerza una campaña ciudadana para exigir que se rebautice la Mohrenstrasse, la calle de los moros, situada en pleno centro de la capital alemana, y su correspondiente estación de metro, que lleva el mismo nombre. «Se trata de una palabra que desde un principio los cristianos blancos usaron con un sentido despectivo y con la intención de discriminar», afirma la lingüista y experta en literatura Susan Arndt. Más de 12.000 personas han firmado ya la petición, entre ellas 100 personalidades.

La presión social obligó a actuar a la compañía municipal de transportes BVG, que a principios de julio anunció que la parada de metro pasaría a llamarse Glinkastrasse, en honor a Mijaíl Ivánovich Glinka, sin percatarse de que el compositor ruso puso música a una ópera con trasfondo antisemita. Fue la periodista e historiadora Maritta Tkalec quien, desde las páginas del diario Berliner Zeitung, llamó la atención sobre las tendencias de Glinka. Ello provocó tal escándalo, que la BVG tuvo que dar marcha atrás en sus planes.

Tkalec se declara partidaria de conservar los nombres históricos. «Si eliminamos o negamos el pasado, perdemos la posibilidad de aprender de él, lo cual resulta indispensable. Quien no sabe de dónde viene, para lo bueno y lo malo, ¿qué pretende hacer con su futuro?», sostiene.

No piensan lo mismo los miembros de la iniciativa Personas Negras (ISD), que insisten en el simbolismo de la cuestión. «Claro que con el cambio de nombre no solucionamos el problema, pero con el debate demostramos lo profundamente anclado que está el racismo en nuestra sociedad», argumenta Tahir Della, su portavoz.

ISD y la plataforma de la que forma parte, Decolonize Berlín, ya lograron que se rebautizaran tres calles del llamado barrio africano, situado en el distrito de Wedding, donde todas las vías recuerdan a zonas o grupos étnicos relacionados con las expoliaciones alemanas en el continente.

Las heridas de la colonización

No obstante, al margen del debate, la colonización es la asignatura pendiente de los alemanes, enfrentados desde hace décadas a su pasado nazi. Pocos son conscientes de que, bajo la batuta del canciller Otto von Bismarck, sus ancestros colonizadores asesinaron a 80.000 miembros de la etnia herero y a unos 20.000 de la namaqua entre 1904 y 1908, en el que pasó a ser considerado como el primer genocidio del siglo XX, que tuvo lugar en el territorio que hoy es Namibia. Tampoco que el canciller de hierro auspició en 1884 la conferencia de Berlín, en la que las potencias europeas se repartieron África a su antojo.

«En las escuelas apenas se estudia la historia colonizadora de Alemania», critica la experta en África de la Universidad de Colonia Marianne Bechhaus-Gerst. Mientras eso no cambie, poco importa que la marca de chocolates Sarotti sustituyera hace poco al moro de su emblema por un mago o que la farmacia de los moros de Fráncfort retirase su logo de la página web. Quizás ni siquiera que la Mohrenstrasse de Berlín sea rebautizada en honor a Anton Wilhelm Amo, un filósofo oriundo de Guinea que desempeñó un gran papel en Alemania durante el siglo XVIII, tal como proponen ahora políticos y organizaciones.

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