El legado opresor de Hosni Mubarak sobrevive la muerte del exdictador egipcio

Las violaciones de derechos humanos y atentados a libertades se han intensificado bajo la presidencia de El Sisi


beirut / e. la voz

Hosni Mubarak exhaló su último suspiro el martes pasado, pero la maquinaria de represión que diseñó durante tres décadas en el poder (1981-2011) sigue viva bajo la presidencia de Abdelfatah el Sisi. Tras ser derrocado en el 2011, Mubarak pasó seis años entre rejas hasta que en el 2017 la Justicia egipcia le absolvió de varias causas, le exculpó de su complicidad por la muerte de 239 manifestantes y le permitió acabar sus días en su villa.

«Es desafortunado que Mubarak muriera sin que sus víctimas hayan conseguido justicia, ni rindiera cuentas por las violaciones que impactaron la vida de miles de egipcios, pero la historia le recordará por los crímenes que cometió», dice desde Túnez Hussein Baoumi, investigador de Egipto para Amnistía Internacional (AI). Tras las primeras elecciones libres en el país, la presidencia del islamista Mohamed Morsi (2012-2013) fue interrumpida por el mariscal Al Sisi, quien lideró un golpe de Estado con cierto respaldo popular.

«Al Sisi ha heredado el aparato represivo diseñado por Mubarak y lo ha llevado más lejos», explica Baoumi. Desde su llegada al poder se han multiplicado las torturas y detenciones. La Comisión Egipcia de Derechos y Libertades ha documentado 710 desapariciones forzosas en el 2019.

Réplica en las calles

Esta agudizada represión no evitó la ola de protestas que sacudió El Cairo y Alejandría en septiembre, que se saldaron con el arresto masivo de 4.000 manifestantes. Las oenegés también están en el punto de mira del exmilitar. Si bien bajo Mubarak se hostigaba, detenía o incluso se torturaba a defensores de derechos humanos, «esto ahora es la norma, están diezmando la sociedad civil», alerta Baoumi. El año pasado se prohibió viajar al extranjero a 31 trabajadores de oenegés.

Patrick George Zaki, investigador de la oenegé Iniciativa Egipcia de Derechos Personales y estudiante erasmus en Italia, fue detenido el 7 de febrero en El Cairo acusado de dañar la seguridad nacional. Es el último caso de un activista detenido. «[Patrick] ha entrado en el agujero negro: sabes cuándo entras, pero no cuándo sales. Las acusaciones son infundadas, y es poco probable que le lleven a juicio; continuarán renovando su detención cada 15 días», lamenta el investigador de Amnistía.

Asimismo, la oposición ve menguar su espacio. En noviembre se celebrarán elecciones parlamentarias, pero Baoumi alerta del arresto de varios candidatos de la oposición. En las últimas elecciones presidenciales Al Sisi obtuvo un 97 % de los votos.

Al control sobre la exigua oposición se añade la presión sobre los medios de comunicación. Al periodista Mostafa Mohie le salvó llegar diez minutos tarde al trabajo. En noviembre las autoridades egipcias hicieron una redada en la redacción de Mada Masr, donde trabaja. «Tuve suerte: cuando entré, un oficial me dijo que no necesitaba a nadie más, que ya tenían a 18 periodistas, así que me dejó ir», cuenta. Días antes habían publicado una historia crítica sobre el hijo del presidente. La web de Mada Masr, uno de los pocos medios independientes en el país, está bloqueada en Egipto, al igual que otras 513 webs de medios y oenegés.

Cierre de espacios de expresión

«El régimen está obsesionado con controlar a los medios de comunicación al 100 %», explica Mohie, quien critica que la mayoría de medios se limiten a publicar comunicados oficiales. «Este régimen no se siente estable y piensa que la única vía para asegurar su permanencia es cerrar todos los espacios para medios, organizaciones de derechos humanos o activistas políticos», cuenta el periodista.

Al mandatario egipcio la estabilidad le llega también del exterior. «Al Sisi se presenta como la clave para que no lleguen migrantes a Europa o como baluarte de la lucha contra el terrorismo, lo que funciona con diversos Gobiernos europeos», explica Baoumi. Según AI, una docena de países europeos, entre ellos España, han vendido equipamiento militar y de seguridad a Egipto. «La comunidad internacional no ha sido lo suficientemente activa en la defensa de los derechos humanos en Egipto», explica Baoumi.

Jugar la carta de ser muro contra terroristas yihadistas para ganar apoyo internacional es, también, legado de Mubarak.

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