Rifar el avión presidencial, la idea del presidente de México para recuperar su coste

Iago García
Iago García LA VOZ

INTERNACIONAL

López Obrador ya no sabe qué hacer para desprenderse de él. Dado su alto coste de mantenimiento prometió a sus electores venderlo. Se hará un sorteo y el diseño de las rifas ya se ha desvelado ¿Comprarías un boleto?

29 ene 2020 . Actualizado a las 00:04 h.

Trump tiene el Air Force One; Sánchez el Falcon y Andrés Manuel López Obrador, el José María Morelos y Pavón. La cuestión es que el presidente mexicano no quiere el avión presidencial, un imponente Boeing Dreamliner con capacidad para 80 pasajeros y todas las comodidades que puedan imaginarse. Era un medio de transporte profusamente usado por su antecesor, Enrique Peña Nieto, pero su coste anual para mantenerlo operativo, 17 millones de pesos -algo más de 800.000 euros- era algo muy criticado por Obrador, que estaba dispuesto a utilizar vuelos comerciales. Al llegar al poder en diciembre de 2018 quiso cumplir su promesa de deshacerse de él. Pero la cosa, se le está complicando.

Una especie de maldición persigue a la aeronave desde entonces. Aunque solo dos días después de la toma de posesión fue enviado del aeropuerto de Ciudad de México hacia el Aeropuerto de Logística de Victorville, en California, para intentar encontrarle un comprador, de momento nadie parece dispuesto a pagar los 130 millones de dólares que el Gobierno mexicano pide por él. Esa cifra, equivalente a unos 117 millones de euros, es el precio estimado por la Organización de la Naciones Unidas (ONU) para el avión.

El presidente López Obrador, en rueda de prensa, proponiendo el megasorteo para conseguir librarse del avión presidencial
El presidente López Obrador, en rueda de prensa, proponiendo el megasorteo para conseguir librarse del avión presidencial Mario Guzmán | efe

El problema es que mantenerlo en el hangar, con su mantenimiento de seguridad pertinente, ha costado tan solo 54.000 euros menos en el último año de lo que gastó el presidente anterior en usarlo. Un auténtico despropósito que López Obrador quiere ahora solucionar.