Maduro se queda hasta sin Photoshop

Varias firmas de «software» se van de Venezuela en cumplimiento de las sanciones de EE.UU. contra el régimen chavista

Publicidad de la compañía estadounidense sobre una estatua de Simón Bolívar en un estudio de fotografía en Caracas
Publicidad de la compañía estadounidense sobre una estatua de Simón Bolívar en un estudio de fotografía en Caracas

Caracas / Corresponsal

Obligado a hacer de la necesidad virtud, el presidente del Centro Nacional de Tecnologías de Información (CNTI) de Venezuela, Kenny Ossa, se ha manifestado feliz de que los productos de la firma californiana Adobe ya no puedan ser actualizados en el país sudamericano, como consecuencia del cumplimiento de las sanciones establecidas por la Administración Trump contra el régimen de Nicolás Maduro. «Estamos felices de que Adobe se vaya del país porque esto lo que hace es seguir fortaleciendo toda esa gesta heroica independentista no en los campos de batalla sino en el campo digital para nuestro pueblo», señala Ossa, quien, como el resto del gabinete chavista tiene poco currículo que mostrar: estudiante de informática en régimen abierto en la década pasada, constituyó una empresa, Neurona Libre, que ha convencido al régimen de que el futuro es el software abierto. 

Lo cierto es que Venezuela es un país que se ha convertido en una suerte de la India del hemisferio occidental para diseñadores y otros profesionales de tecnologías de la información por lo barato de su mano de obra. Por ellos, la salida de Adobe y Oracle, otra firma de bases de datos, significa un duro golpe para los miles de profesionales formados en el país.

Adobe, que produce, entre otros, programas como Photoshop, para el manejo de fotos, o Acrobat, para la difusión de documentos, ha señalado que, en cumplimiento de las sanciones de Trump, permitirá la actualización de sus programas en Venezuela solo hasta el 28 de este mes.

«Yo quiero entender por qué no puedo diseñar en mi país», señala Marisa Quiroz, una diseñadora. «Poco a poco se nos cierra más el cerco», afirma Gregor González, un profesional que usa Adobe Illustrator a diario para trabajar con medios centroamericanos. Más allá de las preocupaciones de Ossa, para quienes son «maquila de talento» en tecnologías de la información en Venezuela, la salida de Adobe es dramática.

Luis Carlos Díaz, un periodista hispano-venezolano especializado en el mundo 2.0, ha hablado de «sobrecumplimiento» de las sanciones en el caso de Adobe. Díaz, quien hace unos meses estuvo preso por unas horas, acusado por el número dos del régimen Diosdado Cabello de «organizar» un apagón nacional que se registró en marzo, indicó que la decisión de la firma de software «afecta a gente ajena al conflicto político (...) y causará fiesta en el chavismo».

 Otro veterano periodista venezolano de tecnologías de información, Víctor Suárez, quien ahora reside en Madrid, restó hierro al alejamiento de Adobe (y Oracle) del mercado venezolano, que «hace tiempo que se perdió» para las grandes multinacionales de la información como consecuencia de la piratería y la falta de respeto a la propiedad intelectual.

La Business Software Alliance (BSA) ubica a Venezuela en el top 3 de piratería de software en el mundo. Pero Suárez recomendó a Juan Guaidó, presidente interino reconocido por 56 países, a que eleve su voz de protesta, como de hecho el jefe del Parlamento ha hecho en una carta pública. El software, de hecho, está entre las excepciones que hace el Departamento del Tesoro de EE.UU. a a las sanciones en Venezuela. Aunque con tanta piratería, señala el experto, «el Gobierno interino debe tener claro que una cosa es el cliente de Adobe, y otra es el usuario».

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