El Líbano empuja a los sirios a regresar

La demolición de sus casas es el último gesto del Gobierno para presionar al millón y medio de refugiados a irse

El refugiado sirio Ala Al-Talib fue obligado a destruir su casa por el ejército libanes
El refugiado sirio Ala Al-Talib fue obligado a destruir su casa por el ejército libanes

Akkar (líbano) / E. La Voz

A Ala Al-Talib le despertó un soldado a las seis de la mañana del 8 de agosto y le dio un martillo. Este sirio de 30 años cuenta que esa madrugada el Ejército libanés rodeó el campo de refugiados de Rohani, en el norte del país, y obligó a 15 refugiados a destruir el muro de cemento de sus viviendas. «No podía decir que no», explica. Al-Talib destruyó 17 casas, entre ellas la suya, que daba cobijo a su mujer y dos hijas de dos y siete años. La pasada semana, las paredes de las 370 casas de este campo se habían reducido a una fila de ladrillos y plásticos.

Desde el 10 de junio, el Gobierno libanés aplica una normativa habitacional -hasta ese momento ampliamente ignorada- que prohíbe «estructuras semipermanentes» con muros de cemento de más de metro y medio. Una medida que afecta a 3.500 viviendas de refugiados sirios, de las que a fecha de 26 de julio, 1.696 han sido demolidas según denuncia LHIF, una plataforma de 51 oenegés.

Estas demoliciones son el último gesto del Gobierno para presionar a los refugiados a volver a Siria. Tras ocho años de conflicto, la hostilidad hacia el millón y medio de refugiados sirios en el Líbano se acentúa. En junio, el principal partido cristiano, el Movimiento Patriótico Libre, convocó una manifestación bajo el lema «Siria es segura para volver, el Líbano no puede aguantar más». De los 2.240 millones de dólares que la ONU prometió al país, solo han recibido 370 millones.

Este verano el Ministerio de Trabajo libanés lanzó una campaña contra «los trabajadores indocumentados» que se ha saldado con 1.500 infracciones, la mayoría contra pequeños negocios regentados por sirios.

Al Talib se queja que hace un año que no encuentra trabajo y sobreviven con 27 dólares al mes por persona. Como el 73 % de los refugiados sirios, Al Talib no tiene permiso de residencia, lo que restringe sus movimientos. «Si voy a Trípoli, seguro me detienen en el control militar» dice. El estar indocumentado le dificulta acceder a la sanidad. Hace diez días su mujer sufrió un parto prematuro y perdieron a sus gemelos sietemesinos. Cuenta que durante el embarazo solo pudieron costearse dos visitas al hospital.

A pesar de la presión, Al-Talib no se plantea retornar. Desde que dejó Siria en el 2013 sueña con volver, pero su casa no sobrevivió el cerco de Baba Amr, en Homs, y sabe que será reclutado por el Ejército. Prefiere quedarse. «En Siria es peor», sintetiza.

200.000 retornados

El Gobierno de Beirut afirma haber organizado 172.046 retornos voluntarios entre julio del 2018 y marzo del 2019. La investigadora de Amnistía Internacional, Sahar Mandour, rechaza la etiqueta de «voluntario» ya que «al hacerles la vida miserable en Líbano, se les está empujando al retorno, no vuelven voluntariamente».

En lo que va de año, 200.000 refugiados han retornado a Siria (la mayoría de Turquía, Jordania y el Líbano), que se suman a los 50.000 que ya lo hicieron en el 2018, según datos del Red Siria de Derechos Humanos (SNHR, por sus siglas en inglés). La ONU reduce a 172.000 los retornados. Una cifra significativa pero mínima comparada con los 5,6 millones de refugiados sirios que tiene registrados.

La mayoría de los que retornan son mujeres y niños. Los «jóvenes varones son pocos porque temen ser llamados a servir en el ejército» explica el fundador de SNHR, Fadel Abdul Ghany.

El Gobierno de Damasco tiene que dar el visto bueno a las peticiones de retorno que los refugiados presentan en los consulados. La ONU y otras organizaciones internacionales se mantienen al margen, ya que no consideran Siria territorio seguro para volver.

A excepción de la provincia de Idlib, en manos de rebeldes y grupos yihadistas, el resto del país está mayormente bajo control del régimen de Bachar al Asad, con lo que la intensidad del conflicto ha disminuido. Aún así, según datos de SNHR, en julio 433 civiles perdieron la vida, y la primera mitad del 2019 se ha saldado con 1.864 civiles muertos.

Los servicios de seguridad sirios también suponen una amenaza para los retornados. Según Fadel Ghany, de los refugiados que volvieron a Siria, 1.916 fueron detenidos, entre ellos 219 menores y 175 mujeres. Quince desaparecidos murieron bajo torturas.

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