El primer chivato de la corrupción fue Hugo Chávez. Fue su entorno el que más se lucró: su enfermera, su chófer, su jefe de seguridad y más recientemente su hijo Nicolás Maduro, como él mismo lo aseguró varias veces para tratar de endosarle simpatía y votos. Los escandalosos casos están documentados y han sido investigados por la propia Asamblea Nacional de Venezuela.

Desde las denuncias sobre las notas estructuradas que datan del 2007, pasando por los 800 millones del maletín de Antonini Wilson y el desfalco de la industria eléctrica, hasta el más reciente escándalo de corrupción protagonizado por el edecán y tesorero de Chávez, la lista luce tan interminable como los ceros de las cifras del dinero robado en dos décadas.

El Parlamento asegura que se trata de más de 1.500 millones de dólares. Reiteran que Hugo Chávez fue el principal promotor de la corrupción permitiendo a su entorno directo lucrarse de fondos públicos y que Maduro profundizó y amplió el círculo.

Es imposible, en medio de la catástrofe generada por tanto robo y despilfarro de dinero, no hacer una asociación elemental: mientras millones de madres tratan de ver cómo alimenta a sus hijos en el país que hasta la llegada del chavismo fue el más próspero y rico de Latinoamérica, los revolucionarios y sus hijos viajan en aviones de 20 millones de dólares producto de la corrupción.

Es imposible no sentir indignación al ver a venezolanos comer de la basura y escuchar a un diputado de la Asamblea Nacional denunciar lo que se pueden llegar a gastar los hijos de los revolucionarios en una simple cena en lujosos restaurante en París, Madrid o Roma.

Lo cierto, lo que hoy tienen bien claro millones de venezolanos y el mundo entero, es que la revolución roja-rojita le ha dejado a Venezuela 20 años de calamidad. Más allá de la crisis en aspectos económicos y sociales, los gobiernos liderados por el fallecido Chávez y ahora por Maduro son los responsables del desfalco más grande de la historia de nuestra nación.

¿Cómo lo hicieron? Las formas están documentadas: empresas fantasmas, transacciones a bancos internacionales, compra y venta de bienes, entre otros hechos. Hoy en día, gracias al respaldo de medio centenar de países del mundo, mucho de ese dinero y bienes están congelados a la espera de poder ser repatriados cuando la pesadilla pase.

Todo parece indicar que el clan rojo-rojito, ese que ha hecho y deshecho a su antojo, comienza a ser cercado por la Justicia internacional. Todo, mientras el pueblo muere literalmente por falta de alimentos y medicamentos, ante los ojos del mundo y sin alguien que responda con prontitud a la crítica situación.

Por José Fernández Alcalde de Los Salias (Venezuela)

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El desfalco más grande de la historia es chavista