Los Veintisiete toman posiciones para asaltar los cargos de poder en la UE

Cristina Porteiro
Cristina Porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

INTERNACIONAL

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker
El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker STOYAN NENOV | Reuters

Hoy se reúnen en Rumanía para fijar prioridades en un clima de máxima tensión

09 may 2019 . Actualizado a las 08:04 h.

Veintisiete socios, un puñado de altos cargos y candidatos a placer. Es el panorama que se presenta a las puertas de una nueva legislatura en Bruselas. Las elecciones del 26 de mayo están a la vuelta de la esquina y las capitales ya calientan motores para ser las primeras en reivindicar para sí algunos de los tronos que quedarán vacíos en apenas seis meses. El pistoletazo de salida para renovar la cúpula de la UE tendrá lugar el día 28, en una cita informal organizada por el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, para tantear el terreno.

Pero antes de llegar ahí, las capitales deberán terminar los deberes. Hoy arranca en Sibiu (Rumanía) una cumbre crucial para fijar las prioridades políticas de los próximos cinco años. El presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, hizo sus propias recomendaciones: más seguridad, impulso a la competitividad, lucha por la igualdad y justicia social, desarrollo sostenible de las economías y ganar influencia política en el mundo frente al repliegue de otras potencias globales. Tusk, las suyas: cerrar filas en su llamada a la unidad de los Veintisiete, que quedará sellada con una declaración inocua. El clima no invita a más. El encuentro podría envenenarse por las tensiones políticas internas, los comicios europeos, el triunfo de los discursos extremistas, el fin del ciclo político en algunas cancillerías y, cómo no, el brexit.

Prioridades

A la espera. Hay muchas decisiones políticas que se han pospuesto a la espera de los resultados electorales. Ni los líderes europeos quieren dar bandazos ni Bruselas desea adentrarse en batallas feroces como la presupuestaria antes de los comicios. El mutismo en el que se ha sumergido la UE en cuestiones clave sin resolver, como la reforma del asilo, la gestión de fronteras o la culminación de la Unión Económica y Monetaria, sigue una lógica clara: hasta que no se repartan los puestos de poder en la UE, no se dará ningún paso en falso en estos expedientes. Eso no excluye la gestualidad y las declaraciones de intenciones. Hungría, Polonia, Eslovaquia, República Checa, Austria o Italia insisten en conducir con mano dura las negociaciones sobre migración. Tusk recordó ayer a los Gobiernos rebeldes que «la libertad y la responsabilidad son las dos partes de una misma moneda».

reparto de cargos

Juego de tronos. No hay duda de que el lavado de cara de la UE dependerá, en buena medida, de quién tome las riendas. Un buen programa puede arruinarse en manos de candidatos títeres o timoratos. Tras la presencia irrelevante de España en los altos cargos de la UE, el Gobierno de Pedro Sánchez aspira a recuperar el terreno perdido tras una década de crisis que no solo cercenó la economía, también el peso político de la cuarta potencia del euro. Perfiles como el del actual ministro de Exteriores, Josep Borrell, ganan puntos en las quinielas para hacerse con el cetro de jefe de la diplomacia europea, hoy en manos de la italiana Federica Mogherini. Francia podría disputarse con Alemania los mandos de la Comisión Europea, hoy en manos de un luxemburgués. El negociador del brexit, Michel Barnier, se postula como el candidato tapado frente al alemán Manfred Weber. El popular cuenta con el respaldo de su familia política en el Parlamento Europeo, pero su madrina, Angela Merkel, podría dejarlo caer si sus socios le garantizan la presidencia del Banco Central Europeo (BCE). No será fácil. En este juego de trileros también hay que tener en cuenta otros dos factores: el equilibrio Este-Oeste y los resultados que obtengan los candidatos oficiales a presidir la Comisión. El Parlamento Europeo defiende un proceso automático. El Consejo insiste: «Tenemos la última palabra».

futuro

Heridas abiertas. El debate sobre el futuro del proyecto europeo y el reparto de poder tendrá como telón de fondo una UE dividida, gangrenada y febril. La falta de liderazgo de su motor principal, el eje francoalemán, ha desatado las tensiones internas. Macron se ha convertido en una sombra de lo que prometió ser. Buena parte de sus propuestas se han diluido en el olvido. Enfrente se ha encontrado a una canciller en fin de ciclo, casi ausente y ensimismada en su relevo. Todo ello mientras gobiernos ultranacionalistas como el húngaro o el polaco reescriben los valores de la UE a su antojo. Budapest y Varsovia mantienen su pulso a Bruselas. No pondrán freno a la deriva antidemocrática en la que se han sumergido. Al menos hasta que la estrategia deje de dar votos. El euroescepticismo no solo se ha contagiado, ha gangrenado a la UE con la salida en falso del Reino Unido. Al cóctel de desdichas hay que añadir la guinda: el avance electoral de la extrema derecha. La UE se reencuentra con los viejos fantasmas del siglo XX y con la complicidad de algunos gobiernos, como el austríaco, empeñados en blanquear las tesis de los ultras.