LONDRES / E. LA VOZ

Jeremy Corbyn ha tenido que dejar a un lado su negativa a apoyar una nueva votación sobre el brexit. La presión dentro de su partido ha podido más y ayer anunció que los laboristas apoyarán la convocatoria de un segundo referendo para prevenir un «brexit conservador dañino» si el Gobierno rechaza negociar con Bruselas una relación más cercana. La formación opositora presentará una enmienda para exigir el mantenimiento del Reino Unido dentro de una unión aduanera con la Unión Europea después del divorcio. Si se rechaza esta enmienda, presentará otra en la que pedirá una segunda consulta a los británicos.

«Tenemos un compromiso para plantear o apoyar una enmienda a favor de una votación pública para evitar que se imponga al país un brexit conservador dañino», afirmó Corbyn durante una reunión con el grupo parlamentario laborista.

El anuncio se produce después de que la primera ministra británica, Theresa May, aplazara hasta el 12 de marzo la votación parlamentaria sobre el acuerdo de retirada pactado con Bruselas, una medida que la oposición ve peligrosa ante la cercanía del 29 de marzo, la fecha fijada para que se haga efectivo el divorcio.

Dos meses de prórroga

May dejó ayer la puerta abierta a una posible extensión del artículo 50 del Tratado de Lisboa y retrasar así el brexit dos meses si finalmente no alcanza un nuevo acuerdo de salida con la Unión Europea antes del 12 de marzo.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, tiene claro que May no conseguirá el apoyo de los Comunes para hacerlo posible en la fecha fijada, el próximo 29 de marzo, por lo que las únicas alternativas que deja sobre la mesa son un brexit «caótico» o la citada extensión, previsiblemente hasta una fecha cercana al 26 de mayo, según reveló The Daily Telegraph.

Durante las conversaciones privadas entre ambas partes durante la cumbre en la localidad egipcia de Sharm el Sheij, May y Tusk trataron el recorrido del proceso legal que se debe seguir para el retraso de la salida. Precisamente, el propio Tusk reconoció que no era el plan de la UE extender la negociación, pero cree que ahora es evidente que es la «solución racional».

A falta de 31 días

May no descartó la extensión del artículo 50, pero insistió en la rueda de prensa en que un «retraso» del brexit no solucionaba los problemas actuales. Cuando solo faltan 31 días para la salida del bloque común, la premier también sabe que es matemáticamente imposible sacar el acuerdo adelante por la amplia división que se encontraría si Westminster volviese a votarlo.

Al ser preguntada si los líderes de la UE necesitan aprobar un acuerdo de salida revisado antes de que haya un voto en Londres, o si el Parlamento puede votar por un acuerdo antes de que los líderes de la UE lo aprueben, May respondió que es «posible hacerlo de cualquier manera». La próxima cumbre del Consejo Europeo con los líderes de la UE será el 21 de marzo, poco más de una semana antes de la supuesta salida del bloque del Reino Unido.

Además, la Asociación de Aseguradoras británicas (ABI, por sus siglas en inglés) advirtieron ayer de que un brexit sin acuerdo sería un «acto imperdonable de autolesión económica y social», y se sumaron a las palabras de Tusk, de que una demora en el proceso sería preferible a dejar la UE sin un acuerdo.

La cumbre euroárabe se cierra en falso por la migración

CRISTINA PORTEIRO
Juncker y Tusk, a la izquierda, junto a Al Sisi y Abul Gheit
Juncker y Tusk, a la izquierda, junto a Al Sisi y Abul Gheit

La cita congregó este fin de semana en Sharm el Sheij (Egipto) a 49 líderes (solo dos de ellos mujeres). Las palabras conciliadoras y las muestras de buena voluntad por ambas partes fueron la tónica de las reuniones

¿No se siente mal reuniéndose con dictadores?, le preguntó la prensa al presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, al término de la controvertida cumbre UE-Liga Árabe. El luxemburgués tiró del manual de realpolitik para justificarse: ««Sí, pero si solo hablara con demócratas de verdad, mis semanas se acabarían el martes», ironizó.

Fue el broche de oro a la cita que congregó este fin de semana en Sharm el Sheij (Egipto) a 49 líderes (solo dos de ellos mujeres). Las palabras conciliadoras y las muestras de buena voluntad por ambas partes fueron la tónica de las reuniones. Toda cordialidad es poca para lograr cerrar compromisos de cooperación en materias tan vitales para la seguridad de Europa como el terrorismo, los conflictos civiles al otro lado del Mediterráneo, los fenómenos migratorios o la inestabilidad política. Pero entre toda la amalgama de asuntos espinosos, el de la violación de derechos humanos fue el que acabó desatando la tensión. Y lo hizo a costa del dirigente del país anfitrión, Abdel Fatah al Sisi, quien llegó al poder con un golpe militar en el 2013.

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Corbyn cede y opta por apoyar un segundo referendo sobre el «brexit»