Espionaje ruso en el centro de Manhattan

El KGB Spy Museum de Nueva York exhibe miles de objetos que los agentes soviéticos utilizaban para espiar al enemigo occidental


Nueva York

En el número 245 de la calle West 14th de Manhattan se encuentra uno de esos rincones que pocos imaginarían ver en plena ciudad de Nueva York. El KGB Spy Museum, o lo que es lo mismo, el museo del espía de la KGB, se impone con música militar que resuena en el Meetpacking District. Su entrada ya es toda una declaración de intenciones, con bustos de Josef Stalin y Vladimir Lenin, acompañados de la icónica Krasnaya Zvezda (estrella roja). «Welcome to the KGB Spy Museum», se escucha a través de los altavoces. La exposición está formada por una colección de artículos únicos, muchos de los cuales es la primera vez que se exponen de manera pública gracias al historiador Julius Urbaitis. Este lituano de 55 años dedicó más de la mitad de su vida a viajar por el mundo y a recolectar 3.500 objetos originales que ahora se presentan en este museo neoyorquino. La afición de Urbaitis comenzó cuando tenía 27 años, justo después de que Lituania recuperase la independencia tras la caída de la Unión Soviética, en 1991. Anillos, libros, zapatos, cinturones, maletines, corbatas, cajetillas de tabaco, todo era susceptible de modificación para esconder cámaras o micrófonos utilizados por la policía secreta de la antigua URSS. Con ellos espiaban a sus objetivos. «Aquí por ejemplo, hay un micrófono oculto dentro de un reloj», dice Daniil Putov. Este joven de 21 años es uno de los guías del museo que ayuda a los visitantes a conocer el funcionamiento exacto de cada artilugio. «Los cables iban debajo de la ropa», explica. También hay espacio para las armas. En este sentido, destacan las pistolas con forma de barras de labios y, por supuesto, una réplica del famoso paraguas búlgaro con el que fue envenenado en Londres en 1978 el escritor disidente Georgi Markov.

La exhibición no solo está compuesta de estos objetos. Su creador también se ha encargado de que el visitante pueda relacionarse con la muestra a través de exhibiciones interactivas, que incluyen réplicas de las celdas de las prisiones de la KGB, con imponentes puertas de metal pesado importadas de una cárcel real en Lituania. Incluso se puede entrar en una de las oficinas de los espías y ver algunos de los tocadiscos fabricados para Stalin. 

Políticamente desinteresado

El lugar es todo un parque de atracciones para quienes quieran hacer un viaje nostálgico a los años de la Guerra Fría, aunque, eso sí, el museo se describe a sí mismo como políticamente desinteresado. Pese a ello, la exposición no ha estado exenta de controversia teniendo en cuenta que ha abierto sus puertas en plena polémica por las investigaciones derivadas de los lazos entre el presidente de EE.UU., Donald Trump, y el líder ruso Vladimir Putin, exjefe del Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB), el principal sucesor de la KGB.

Este singular salón tiene sus raíces en Kaunas, la segunda ciudad más grande de Lituania. Allí, Urbaitis ya exhibió parte de su colección de tesoros soviéticos en el Atomic KGB Bunker, un búnker nuclear real. En Nueva York, el museo abre todos los días de diez de la mañana a ocho de la tarde y el precio de la entrada es de 25 dólares. Si tienen suerte, incluso pueden solicitar una visita guiada con Segei Kolosov, un exdetective ruso de la policía de San Petersburgo que en más de una ocasión utilizó alguno de los objetos expuestos.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
10 votos
Comentarios

Espionaje ruso en el centro de Manhattan