Las protestas de los chalecos amarillos llegan a Estambul

Miles de turcos salen a las calles para denunciar el alto coste de la vida y la grave inflación


Redacción / La Voz

El contagio del movimiento de los chalecos amarillos se propaga no solo por Europa. Turquía, envuelta en una grave crisis económica y democrática, se convirtió ayer en el nuevo punto infectado. Miles de turcos tomaron ayer las calles de Estambul para protestar contra el aumento del coste de la vida y la grave inflación. Rodeados por un alto dispositivo policial, los manifestantes sostuvieron pancartas con referencias al movimiento social francés de los chalecos amarillos, que comenzó siendo una manifestación contra el aumento del precio del combustible y acabó convirtiéndose en una protesta contra Macron.

La manifestación, organizada por el KESK, una confederación de sindicatos de funcionarios públicos, atrajo a personas de toda Turquía, incluyendo de las provincias del noroeste de Edirne, Bursa y Yaloba, según la misma fuente. Se oyeron consignas como «trabajo, pan, libertad» y también se vieron pancartas con frases como «la crisis es suya, la calle es nuestra» o «haziran» que significa junio en turco, constató un corresponsal de la AFP. Junio hace referencia a las masivas manifestaciones del 2013 contra el Gobierno del presidente Erdogan, desencadenadas por un movimiento de protesta contra un proyecto de reurbanización del parque Gezi. 

La protesta llega casi una semana después de que miles de personas se manifestaran contra el coste de la vida en la ciudad kurda de Diyarbakir. La economía turca cae desde la crisis monetaria en agosto y la inflación alcanzó el 25,24 % en octubre.

La movilización se desinfla en Francia

La sexta jornada de protesta de los chalecos amarillos prolongó ayer su tendencia a la baja del anterior sábado y registró como novedad los bloqueos en varios pasos fronterizos, entre ellos el de España en La Junquera. En París se contabilizaron unos 2.000 manifestantes y se estimaron unos 24.000 en todo el país, frente a los más de 300.000 del 17 de noviembre. Las fuerzas del orden casi no tuvieron que intervenir y solo tres de los detenidos acabaron bajo custodia, entre ellos uno de sus líderes, el camionero Eric Drouet, que supuestamente portaba un arma prohibida. Varias centenas de chalecos amarillos se presentaron por sorpresa en Montmartre con el objetivo de ir al Elíseo, pero fueron frenados.

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