Haddad se distancia de Lula para intentar la remontada

Bolsonaro lidera con comodidad, 58 a 42, la primera encuesta para la segunda vuelta, y avanza incluso en el nordeste afín al PT

Sao Paulo registra protestas diarias contra Bolsonaro
Sao Paulo registra protestas diarias contra Bolsonaro

BRASILIA / CORRESPONSAL

Si algo dejó claro la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas, además del rotundo triunfo de Jair Bolsonaro, fue que el Partido de los Trabajadores es el único partido clásico con verdadera militancia en el país. A pesar del desgaste de 4 legislaturas en el poder, el impeachment contra Dilma Rousseff y la encarcelación de Lula da Silva, la formación de izquierdas resiste en su tirón popular. No parece suficiente: el ultraderechista Bolsonaro, cuyo partido le importa más bien poco a nadie, arranca los primeros sondeos de cara al segundo turno ampliando su ventaja, una demostración de que las tradicionales campañas electorales han perdido su peso en el escenario brasileño.

Sin apenas tiempo de televisión para mostrar sus anuncios antes del telediario, Bolsonaro domina el discurso en las redes sociales y se crece ante cada ataque. El último, el de Roger Waters, exmiembro de Pink Floyd, quien durante un concierto en São Paulo incluyó el nombre del candidato en la lista de líderes del neofascismo mundial. Los seguidores de Bolsonaro tienen la facilidad para darle la vuelta a este y otros movimientos de descrédito, superando las tradicionales estructuras de propaganda de los partidos. De ahí que casi no sorprenda el 58 % que le da la primera encuesta del segundo turno, realizada por Datafolha, al ultraconservador, por un 42 % de Fernando Haddad, el candidato del PT. El sondeo refuerza lo que se sabía (amplia mayoría entre los que ganan más de 5 salarios mínimos, amplia mayoría entre los hombres, amplia mayoría entre los universitarios) y algo que no (ligero avance en el nordeste del país, feudo de la izquierda).

Situación límite

Haddad se enfrenta a una situación límite, porque nadie le ha dado la vuelta a un resultado adverso en el segundo turno en la historia de la democracia brasileña. Para intentar una remontada sin precedentes, se impone una decisión drástica: esconder el nombre de Lula, cambiar el rojo del eslogan de campaña por los colores de Brasil y lanzar guiños al centro derecha. Durante meses, la pegatina en el coche de muchos brasileños decía «Haddad é Lula 2018». Ahora, el candidato trata de disociar su marca de la de Lula y el PT, que muchos identifican con corrupción. Un meme que circula por las redes sociales juega con el número 17 (el de votación por Bolsonaro, con una pistola) y el 13 (el de Haddad, con una esposas). «Nunca la elección fue más fácil», dicen los que apoyan al ultraconservador.

Seducir a Cardoso

Sectores del PT, con el senador electo Jacques Wagner (al que Dilma Rousseff consideraba como el candidato ideal en lugar de Haddad), han hecho llamadas públicas y privadas incluso al padrino de la derecha brasileña, Fernando Henrique Cardoso, en busca de apoyos de lo que consideran «el frente por la democracia y contra el fascismo». En un escenario de lucha virtual y reacciones primarias, poco parece importar lo que partidos como el PSDB de Alckmin o el MDB de Temer recomienden votar a sus afiliados. El último recurso clásico, el de los debates televisivos, ha sido saboteado por los médicos de Bolsonaro, que le recomiendan reposo en casa. «Si es necesario, voy allí, quiero mirarle a los ojos», se ofreció Fernando Haddad, que no tiene más oportunidades que perder.

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