Los ultras marcan el compás a los nórdicos

Las fuerzas xenófobas y nacionalistas explotan el miedo de la ciudadanía a un vuelco identitario

.El ultra Akesson en el cierre de campaña
El ultra Akesson en el cierre de campaña

Bruselas / corresponsal

Suecia no es la primera ni será la última en abrazar la ultraderecha. Las urnas medirán hoy el grado de descontento y hastío de sus ciudadanos con las políticas de los partidos tradicionales. Si los sondeos no se engañan, los xenófobos Demócratas de Suecia (SD) podrían convertirse en la segunda fuerza más votada (20 %). El premonitorio hundimiento socialdemócrata y la división en el centroderecha han despejado el camino al líder del partido, Jimmie Akesson, quien tiene en su mano la llave del Riksdag. Como muchos otros paladines del ultranacionalismo europeo, el joven de Sölvesborg ha aplicado a rajatabla el recetario ultra: blanquear la historia del partido, atacar las políticas migratorias, explotar el miedo ciudadano a un vuelco identitario en el país y vincular el aumento de la inseguridad y la violencia a la población extranjera. «Pasan de la defensa de la raza a la defensa de la cultura», resume el politólogo Anders Sannerstedt.

El viento sopla a su favor. Ninguna de las fuerzas moderadas que han gobernado el país desde el 2010 se han atrevido a afrontar el gran debate de campaña: ¿debe seguir siendo Suecia un país de acogida? Una pregunta que también se hacen los líderes comunitarios en Bruselas. Casi nadie está dispuesto a cuestionar el «multiculturalismo», un debate abandonado en manos de la ultraderecha, que ha conseguido hegemonizar su discurso. Lo reconocía ayer a AFP la diputada sueca de la izquierda, Amineh Kakabaveh. «Fuimos ingenuos con la integración», aseguró la mujer, de origen kurdo-iraní, quien considera que las políticas de acogida de los últimos 20 años han fallado. «La sociedad multicultural se construyó mal durante más de dos décadas, lo que provocó una separación de comunidades. El SD ha copado el espacio público. Ahora son héroes porque los otros no se atreven a asumir el desafío», explicó tras admitir que les «faltó valentía» para asumir los errores cometidos al afrontar la crisis migratoria del 2015. 

20 % de foráneos

Suecia se declaró desbordada tras recibir desde el 2012 unas 400.000 demandas de asilo. A pesar de que el país, al igual que sus vecinos nórdicos, goza de una economía boyante y unas cifras de empleo envidiables, parte de la sociedad está inquieta porque de forma paralela al aumento de la población foránea (20 % en el país) se han ido deteriorando la atención sanitaria y la seguridad, pilares de su modelo de bienestar. Los altercados, los tiroteos y la violencia desatados en ciudades como Malmö han horadado la confianza de los suecos en los políticos. Lo mismo ocurre con sus vecinos finlandeses, quienes cedieron en el pasado suficiente cuota de poder a los ultranacionalistas Verdaderos Finlandeses como para llegar al Ejecutivo a pesar de considerar, entre otras cosas, que los refugiados somalíes son «de una raza inferior».

Este fenómeno no se ciñe a las fronteras suecas. «Actuad de forma normal o marchaos», le espetó el primer ministro holandés, Mark Rutte, a la comunidad inmigrante en el 2017 en plena precampaña. El liberal podía ver por el retrovisor al ultraderechista Geert Wilders y no se lo pensó dos veces. Su rival acabó colgándose la medalla de plata en los comicios y fuera del Gobierno.

Donde ya no existe cordón sanitario a la ultraderecha es en Dinamarca, uno de los países más prósperos del mundo. Allí llevan años conviviendo con fuerzas abiertamente xenófobas como el Partido Popular danés, que venció en los comicios europeos del 2014 y se convirtió en segunda fuerza política en la elecciones danesas del 2015. El actual primer ministro, el liberal Lars Løkke Rasmussen, recurrió a ellos para arrebatar el Ejecutivo al bloque de izquierdas. También los austríacos han abrazado a los ultras. El conservador Sebastian Kurz no dudó en pagar el precio y sumar a miembros del FPÖ a su Ejecutivo para poder gobernar.

Salvini se alía con Bannon para salvar a Europa

El líder ultraderechista y ministro de Interior de Italia, Matteo Salvini, se ha unido a The Movement (El Movimiento), el grupo creado por Steve Bannon para aunar a todos los partidos populistas de derechas de la UE de cara a las elecciones europeas de la próxima primavera. El hombre fuerte del Gobierno italiano afirmó ayer que está dispuesto a trabajar con la antigua mano derecha de Donald Trump para «salvar a Europa», tras la reunión de más de una hora que mantuvo con él el viernes en Roma.

La adhesión de Salvini, cuya popularidad ha crecido con su poder, es el primer gran logro de Bannon y puede animar a otros políticos euroescépticos y populistas a unirse. «¡Está con nosotros!», tuiteó el viernes el belga Mischaël Modrikamen, jefe del Partido Popular, micropartido valón de extrema derecha que acompaña a Bannon en sus esfuerzos por unir a populistas y euroescépticos en el seno de su movimiento paneuropeo.

Salvini explicó que las elecciones europeas son «una oportunidad para un cambio histórico y la última ocasión para salvar a Europa». El objetivo es convertirse en el «primer grupo parlamentario europeo y olvidar la triste parábola socialista que ha traído inseguridad y desempleo», afirmó tras participar ayer en el Foro Ambrosetti, en Cernobbio, con otros dirigentes políticos y económicos. El ultra holandés Geert Wilders, presente en el foro, declaró estar interesado en el proyecto de Bannon. «La élite actual no ataca el problema de la inmigración en masa y de la islamización como debería, la gente está indignada, el terrorismo persiste y aumenta», y por ello «las posibilidades para nuestros partidos son más fuertes en los próximos años en Europa», aseguró.

Salvini fue informado ayer de que su partido, La Liga, no es bienvenido en el Partido Popular Europeo (PPE). Fidesz, formación del primer ministro húngaro, Víktor Orban, puede ser baja del PPE en las próximas semanas.

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