Venezuela: la apertura económica se queda en un simple  boquete

El penúltimo intento del gobierno de Nicolás Maduro para afrontar el colapso económico en el que ha sumido a Venezuela incorpora la derogación de la Ley de Ilícitos Cambiarios de 2010 pero mantiene la de Control de Cambios de 2003, que ha sido determinante en la ruina económica del país.


A CORUÑA

Después de entonar el mea culpa y reconocer que los modelos productivos implementados por sus gobiernos habían fracasado y que era su responsabilidad, Nicolás Maduro anunció  por sorpresa la despenalización de la tenencia y venta de divisas extranjeras, autorizando para ello la reapertura de algunas casas de cambio.

Tras este anuncio, Tarek el Aissami, vicepresidente económico,  presentó a la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente la propuesta de derogación de la Ley de Ilícitos Cambiarios vigente desde el 17 de mayo de 2010 que regula y sanciona las actividades en cualquier moneda metálica, billetes de banco, cheques bancarios y cualquier modalidad distinta al bolívar con penas que podían ser incluso de cárcel.

A partir del próximo 20 de agosto, fecha de entrada en vigor de esta y otras medidas económicas, como la supresión de cinco ceros al cada día más depauperado bolívar fuerte, seguirá vigente el control cambiario impuesto por el presidente Hugo Chávez en 2003, para evitar la fuga de capitales y que acabó resultando el instrumento más eficiente para generar  la grave crisis económica que atraviesa el país, ya que llevó a un monumental desfase entre el dólar oficial y el paralelo, él único al que acceden los ciudadanos.

A falta de conocer los detalles de la aplicación concreta de esta reforma legal, los economistas que se han pronunciado sobre el alcance de la misma coinciden en que más que la apertura económica real que necesita el país esto será un simple resquicio, un boquete por el que las empresas de capital extranjero, fundamentalmente las chinas, puedan manejar divisas legalmente.

Todo indica que  lo que va a resultar será un a un sistema dual con un dólar más barato que seguirá manejando el régimen para adjudicar de manera discrecional, como hasta ahora,  y otro para estas nuevas casas de cambio para transacciones entre privados. «El primer objetivo es bajar el dólar, una de las variables que impulsan la hiperinflación, que los tiene locos. Pero no lo van a lograr así», explica el economista Miguel Velarde, director del digital Guayoyo en Letras.

Este experto asegura que el régimen busca copar el mercado cambiario, para controlar la situación, pero advierte que «para bajar el precio hay que meter dólares en el mercado y el Gobierno no los tiene».

La cleptocracia gobernante en casi dos décadas de chavismo-madurismo, la mala gestión de los ingresos de los años de vacas gordas y el uso obsceno de la petrochequera, a cambio de palmaditas en la espalda y poco más, han vaciado  de divisas las arcas públicas y las pocas que ingresan no alcanzan para el pago de deudas y para mantener el enorme engranaje estatal. «Gastan más de lo que tienen y cada vez entra menos. Esto no sólo es por la caída en el precio del petróleo sino porque se produce menos: cuando Chávez tomó el poder, Venezuela producía 3,4 millones de barriles diarios de petróleo, ahora sólo uno", apunta Miguel Velarde.

Añade que el  principal objetivo de este cambio en la política cambiaria son las remesas que crecen día a día por el éxodo de venezolanos que huyen al exterior. «Ese dinero ingresa, como todo en Venezuela, por el mercado negro, pero difícilmente el familiar que recibe algunos dólares desde el extranjero va a cambiar su dinero en esas nuevas casas. Si se concreta este sistema dual, continuará existiendo el mercado paralelo y allí le sacaría mayor provecho».

Concluye señalando que la misma lógica se aplica para los ahorros:  «nadie que pueda obtener más dinero por su dólares se resigna a recibir menos en las casa de cambio chavistas. Y si el Gobierno no tiene divisas para inyectar, no logrará controlar el precio del negro… un círculo inagotable que los venezolanos conocen muy bien».

Para Asdrúbal Oliveros, economista y director de Ecoanalítica, la decisión no va a resolver los problemas de fondo: «No nos va a sacar de la hiperinflación ni se estabilizarán los equilibrios macroeconómicos, pero sí puede darle un respiro a los sectores privados que hasta ahora venían haciendo de manera ilegal las  operaciones de compra y venta de divisas para hacer las importaciones».

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