«En una 'perrera' no subo ni loca»

La «ranchificación» del transporte pone en juego la vida de los venezolanos


Caracas

Las llaman perreras o chirrincheras y, como en la Cuba del período especial, en la Venezuela de Nicolás Maduro han sustituido al transporte público. Ante la desaparición virtual de un servicio que gestionan empresas privadas, debido al control de precios de los pasajes, la falta de repuestos y la emigración masiva, camiones y pickups se han convertido en la opción de los habitantes de las principales ciudades del país.

Varios concejos municipales han adaptado sus ordenanzas para el funcionamiento como transporte público de estos vehículos. «El otro día me monté en una de esas perreras y allí dentro me aplastaron la mano. Me estuvo doliendo durante una semana. Nada más para subirse es un problema, yo soy pequeña, va mucha gente allí», lamenta Yalesza Zavala, una joven de 28 años que tiene que trasladarse de Puerto Cabello a Valencia, dos ciudades separadas por una distancia de 60 kilómetros en el estado central de Carabobo.

Como ha sucedido frecuentemente en la llamada revolución bolivariana, la «ranchificación del transporte», como la denomina el veterano sindicalista del sector José Luis Trocel, se ha desplazado de la provincia a la capital, donde ya se ven perreras incluso en los sectores más acomodados de Caracas.

Una modalidad que no es inocua: según Trocel, basándose en estudios de prensa, al menos 30 personas han caído de perreras (como se les dice en el oriente del país) o de chirrincheras (como se les llama en el occidente) y han muerto. De hecho, las dos primeras víctimas conocidas fallecieron en Valencia en abril, al golpearse contra el asfalto tras caer desde lo alto de camiones de estacas reconvertidos.

«Nos sabotean»

Nicolás Maduro, en su línea clásica de trasladar culpas, ha señalado que los transportistas «sabotean» a su Gobierno, parando sus unidades, y recibiendo dinero de la oposición para hacerlo. En tanto, los gremios del transporte señalan al control de precios y a la falta de disponibilidad de repuestos por la paralización del 70 % de la flota de transporte, en un país cuyo producto interno bruto ha caído a la mitad durante los años del madurismo, y que por tanto tiene mucha menor demanda del servicio, pero esta aún supera, con mucho, a la oferta.

Desde sus inicios, el chavismo trató de sustituir el transporte privado por el público y se embarcó en una serie de proyectos faraónicos, incluyendo varias líneas de tren, construidas por China (y hoy abandonadas) y de funiculares hacia los barrios pobres de las principales ciudades, desdeñando los proyectos ya en marcha. Como resultado, el país está lleno de obras inconclusas, y el proyecto de los gobiernos de China y Venezuela para construir una fábrica de autobuses de la marca Yutong nunca prosperó, como tampoco el de una empresa pública de transporte que utilizaría esos autobuses.

Metro colapsado

El metro de Caracas, otrora orgullo de la capital y convertido en gratuito por el chavismo, está colapsado; proyectos similares en Valencia y Maracaibo, las otras dos principales ciudades del país, se quedaron en mucho menos de lo que se proyectó. Y hay decenas de cementerios de autobuses del sector público en el país, de los que frecuentemente hacen mofa las redes sociales debido al lamentable estado en el que se encuentra la mayoría de ellos. En tanto, los venezolanos sufren colas de horas para tomar transporte, especialmente entre Caracas y las ciudades dormitorios. O caminan, como hace Dayana Sánchez, que ha sustituido los autobuses en los 7 kilómetros que hay entre su casa y su trabajo, o viceversa, por trayectos a pie. La productividad, en tanto, baja a casi cero, como destaca Sánchez: «Hoy la gente no llega a su trabajo porque no hay transporte. Pero yo en una perrera no subo ni loca. Prefiero caminar», señala.

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