La UE se juega su poder de influencia como actor global

Cristina Porteiro
cRISTINA pORTEIRO BRUSELAS / CORRESPONSAL

INTERNACIONAL

Los frentes abiertos por Washington fuerzan a Europa a plantar batalla a su aliado atlántico

10 may 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

El primer frente abierto por Donald Trump fue la retirada de EE.UU. del Acuerdo de París contra el cambio climático. De forma unilateral abandonó el pacto que tantos años tardó en fraguarse con el argumento de que fue un «mal negocio» sellado por Barack Obama. La segunda ofensiva contra el multilateralismo llegó por el flanco de la defensa y la seguridad. Las amenazas del estadounidense tuvieron como diana a la OTAN. Los países europeos tuvieron que comprometerse a aumentar el gasto en defensa para apaciguar la ira del magnate. Sin embargo, esa vez lograron tejer la trampa en la letra pequeña. Washington esperaba cerrar tratos jugosos a costa de los socios europeos, pero la UE dio un paso hacia adelante creando su propio fondo europeo de defensa, priorizando el gasto en su propia industria.

Airado, Trump emprendió el tercer envite. Esta vez en la arena comercial. Puso el ojo en la aceituna negra española, le impuso aranceles y la tomó de rehén para poner en cuestión todo el esquema de ayudas agrícolas de la UE. La acometida de verdad llegó en marzo con el anuncio de aranceles a las importaciones de acero. La exención de los países de la UE se va prorrogando a cuentagotas como medida de chantaje y presión para conseguir renegociar otros acuerdos con el bloque. Y solo es la punta de lanza. Trump todavía no ha abierto la caja de los truenos: las importaciones de automóviles alemanes.

Sí se ha atrevido con otra línea roja que resulta infranqueable para la UE: el sabotaje del acuerdo nuclear con Irán, con el propósito de volver a marcar distancias con su antecesor en el cargo y alinearse con Israel y Arabia Saudí en la región. Hay muchos intereses económicos y de seguridad europeos en juego. Pero, al margen del impacto que las sanciones estadounidenses puedan tener sobre los negocios de las empresas europeas en el país islámico, esta vez la UE no puede permitirse un fracaso diplomático de este calibre.