La frontera de las dos Coreas se blinda para recibir a Kim Jong-un

La zona que divide la península recuerda que ambos países siguen técnicamente en guerra

Centenares de niños participaron en una exhibición de taekuondo en Seúl a favor de la paz
Centenares de niños participaron en una exhibición de taekuondo en Seúl a favor de la paz

panmunjom / e. la voz

A la última frontera de la guerra fría se llega atravesando kilómetros de exhaustivos controles militares, alambradas electrificadas y pilares de hormigón antitanques dispuestos para impedir el paso del enemigo en caso de ataque. El lugar que Bill Clinton definió en 1993 como «el más peligroso el mundo» por la gran cantidad de armamento desplegado, discurre a lo largo del paralelo 38, una línea de demarcación de 245 kilómetros de largo y 4 de ancho. Es el territorio neutral que se prepara para acoger la cumbre histórica entre Kim Jong-un y el presidente surcoreano Moon Jae-in.

El silencio sobrecoge en el enclave, convertido en el legado de una guerra que técnicamente no ha terminado porque se detuvo al firmar un armisticio en 1953. Desde la parte sur, para ver la línea amarilla que divide a Corea en dos partes, hay que aguzar la vista. Situada entre dos enormes casetas azules, esa demarcación separa dos mundos que parten del mismo origen pero que cuyas diferencias se acentúan cada vez más.

El próximo viernes, si todo sucede como se espera, Kim Jong-un atravesará por primera vez esa frontera física dando un respaldo contundente al esfuerzo del presidente surcoreano por rebajar las tensiones entre las «dos partes de una misma familia», como los coreanos denominan a la península. Para que nada falle, desde hace varias semanas, el Sur está renovando la llamada Casa de la Paz, el lugar destinado a las negociaciones intercoreanas, para mejorar las conexiones a Internet y la seguridad.

«No hagáis gestos exagerados. Al otro lado nos vigilan y podrían malinterpretarlos», nos avisa el comandante de la Marina canadiense Robert Watt al reducido grupo de periodistas que hemos logrado acceder a ese lugar inexistente en los mapas y en los GPS. «Nos tomamos la amenaza con realismo. El enemigo ha demostrado que está dispuesto a usar la violencia. Pero vemos el Área de Seguridad Conjunta como un lugar para facilitar el diálogo», añade. Él forma parte de la comisión de Naciones Unidas encargada de vigilar el cumplimiento del armisticio que, con Estados Unidos al frente, tiene como misión defender a Corea del Sur.

En una visita de poco más de una hora, el teniente explica cada uno de los edificios, cámaras de vigilancia y resquicios de episodios de tensión que son más cotidianos de lo que parece. «En algunas zonas no está claro donde está la línea militar de demarcación. A veces te encuentras disparos de alerta porque creen que uno de los los lados la ha cruzado», explica a La Voz el comandante Watt. En un lateral de la Casa de la Paz pueden verse las marcas de los disparos que el ejército norcoreano realizó contra uno de sus hombres cuando protagonizó una deserción de película en noviembre del año pasado.

En un clima muy diferente al de entonces, el resultado de esta importante cita condicionará la negociación que Trump y Kim mantendrán a finales de mayo o principios de junio. Los detalles se miden al milímetro. Aunque aún se desconoce cómo cruzará Kim Jong-un, si a pie o en coche, y tampoco se sabe en qué lugar almorzará, la seguridad se extrema aún más estos días cerrando la zona a las visitas turísticas y a la prensa.

Pyongyang suspende sus pruebas nucleares

A las sucesivas pruebas de buena voluntad de Corea del Norte en los últimos meses se suma un anuncio sorprendente. Desde ayer el régimen de Pyongyang suspende sus ensayos nucleares y de misiles, y además cerrará la base para sus pruebas atómicas de Punggye-ri, en el norte del país. La decisión servirá para facilitar los preparativos de las reuniones que Kim Jong-un prevé mantener con el presidente surcoreano, Moon Jae-in esta semana y con Donald Trump después.

El anuncio llegó al término de una reunión que convocó el viernes al Comité Central del Partido de los Trabajadores, en la que el joven dictador enumeró los logros armamentísticos del régimen para concluir que ya han alcanzado el nivel necesario para garantizar su supervivencia. «Ahora no se necesitan ensayos nucleares ni de misiles de medio alcance o intercontinentales, dado que el trabajo sobre el montaje de ojivas atómicas en proyectiles balísticos ha terminado», aseguró Kim ante sus súbditos.

Horas después, un comunicado de la agencia estatal de noticias KCNA anunciaba el giro radical en su retórica bélica. «Cesaremos las pruebas nucleares y de misiles balísticos intercontinentales desde el 21 de abril. El complejo de pruebas nucleares del norte será desmantelado para garantizar con transparencia la interrupción de dichos ensayos», asegura el texto. «Concentraremos todos los esfuerzos en crear una potente economía socialista y mejorar notablemente la calidad de vida del pueblo, mediante la movilización de todos los recursos humanos y materiales del país», añade.

«Un gran progreso»

Una de las primeras reacciones a tan imprevisible anuncio fue la del presidente estadounidense. A través de Twitter, Donald Trump calificó de «muy buena noticia» la decisión. «¡Un gran progreso! Estamos deseando celebrar nuestra cumbre», afirmó días después de afirmar que todo podía salir mal en esa esperada cita política.

Sus vecinos del Sur, a quienes más afectan las amenazas militares de Pyongyang, calificaron el cese de las pruebas como un «progreso significativo para la desnuclearización de la península». La oficina presidencial de Seúl afirmó que esta decisión «ayudará a crear un ambiente muy positivo para las próximas cumbres».

También China y Japón mostraron su satisfacción con el anuncio aunque este último país pidió cautela. Mientras el primer ministro, Shinzo Abe, afirmó que «lo único importante es ver (ahora) si esta acción llevará a una completa, verificable e irreversible eliminación de las armas nucleares y misiles» del régimen, su ministro de Defensa calificó la concesión de «insuficiente» y afirmó que «no es el momento de relajar la presión sobre el país».

Aunque el anuncio es un paso importante para contribuir a la continuidad de las negociaciones que se iniciaron antes de los Juegos Olímpicos de invierno del Sur, está aún lejos de la petición de desnuclearización que la comunidad internacional pide al régimen. En el comunicado no hay alusión a la destrucción de sus armas nucleares ni al material para fabricarlas y algunos analistas alertan de que el régimen podría dar marcha atrás en cualquier momento.

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