Trump alimenta sus contradicciones

Sus votantes le exigen que se centre en América, y la oposición, que acepte refugiados


nueva york / corresponsal

Hubo una sensación de decepción entre un grupo de partidarios de Donald Trump cuando el presidente anunció el viernes un «ataque de precisión» contra Siria. El desengaño vino de la mano de aquellos votantes que se aferraron a la promesa de Trump del «America first» y que ahora, tras la embestida militar contra Al Asad, sienten que el magnate incumplió su promesa de sacar a los EE.?UU. de los conflictos mundiales. Fue ese desánimo precisamente el que trató de contrarrestar ayer el sector más leal al presidente bajo el mensaje de que EE. UU. no es, ni debería ser, «el policía del mundo», pero que en el caso de Siria existía un imperativo moral para serlo. «Si no hubiéramos respondido, Al Asad habría llegado a la conclusión de que podía volver a hacerlo [lanzar armas químicas contra civiles]. Más importante aún: sus patrocinadores, Irán y Rusia, habrían llegado a la misma conclusión», alertó el exasesor del presidente en la Casa Blanca, Sebastian Gorka. Desde diferentes medios, Gorka constituyó una de esas voces de la ultraderecha que trató de calmar los ánimos de aquellos que tras leer el «¡Misión cumplida!» siguieron sin saber exactamente a qué misión se refería.

¿Cuál es la política de Trump en Siria? ¿Tiene el Gobierno un plan para proteger a los civiles tras siete años de guerra? Los interrogantes son el resultado de la contradicción política que reina en la Casa Blanca y que, en este caso, mezcla dos mensajes: por un lado, el hartazgo de intentar resolver los problemas de otros en Oriente Medio; y por otro, el horror ante las imágenes de niños asfixiados por los efectos de las armas químicas.

¿Una cortina de humo?

Sin embargo, han sido muchos los analistas que han recordado que, si Trump realmente se hubiese conmovido por las víctimas de dicho ataque, no tardaría en revertir su veto a todos los refugiados sirios. «Trump todavía carece de una estrategia coherente para poner fin al conflicto y en su lugar ha intentado recortar la ayuda humanitaria y cerrar la puerta a los refugiados», recordó ayer Oxfam América.

Entre las múltiples interpretaciones están también las de quienes evocan la película Wag the Dog, en la que un presidente tapaba un escándalo sexual provocando una falsa guerra, y así se acuerdan de cómo Bill Clinton atacó Serbia para supuestamente esconder el escándalo Lewinsky. La polémica de Trump se llama Rusiagate y ya ha provocado que un asesor de Seguridad Nacional, un director de campaña, un asesor de política exterior y otro oficial de campaña de alto rango se enfrenten a cargos por delitos graves. Es más, mientras el Pentágono estudiaba la estrategia para atacar Siria, Michael Cohen, abogado del presidente, comenzaba a ser objetivo del FBI, al estar bajo investigación criminal.

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