Los militares dan la espalda a Maduro

La Voz REDACCIÓN / LA VOZ

INTERNACIONAL

MIGUEL GUTIERREZ

La falta de fondos, el miedo a las sanciones económicas de EE.UU. y el rechazo de los chavistas originarios distancian al Ejército del presidente venezolano

28 mar 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Nicolás Maduro ya no cuenta con el respaldo incondicional del Ejército, el pilar fundamental de su permanencia en el poder. Las últimas decisiones presidenciales, su carácter de advenedizo y, sobre todo, la falta de dinero y alimentos por la incapacidad del Gobierno venezolano de articular una economía solvente, sumado al riesgo de perder sus privilegios por el impacto de las sanciones que han empezado a aplicar Estados Unidos y la Unión Europea, dibujan un oscuro e incierto futuro en el camino político de Maduro. Los sables vuelven a hacer ruido.

La crisis económica

«Impacto devastador». La hiperinflación está causando estragos en las tropas hambrientas. El ambiente en los cuarteles es cada vez más complejo por la carestía de alimentos y la ola de deserciones provocada por la caída de salarios y el descontento general no para de crecer. Las imágenes de militares recogiendo restos de comida de contenedores de basura no hacen más que aumentar el descontento. Y esa conjunción de factores ha disparado todas las alarmas: solo el respaldo de las bayonetas garantiza la supervivencia del régimen ante el descontento general. Y el horizonte alberga aún más negros augurios.

EL PAPEL DE TRUMP

Pendientes de indultos. La amenaza de un golpe contra Maduro es lanzada periódicamente por el presidente y sus acólitos. Hasta ahora, el régimen no ha practicado más que detenciones aisladas de presuntos sospechosos. Pero en la inteligencia militar se mira con recelo el papel de Estados Unidos. Los leales al régimen se muestran inquietos ante la posibilidad de que prospere la última oferta que le habrían hecho llegar a destacados militares portavoces de la Administración Trump: amplio perdón para ellos a cambio de facilitar una restauración del orden constitucional quebrantado desde la puesta en marcha de la Asamblea Nacional Constituyente. La idea es percibida con un claro temor por el madurismo, incluso por el riesgo de desafección entre aquellos más implicados en los negocios a la sombra del Gobierno. A nadie le gusta sentirse en el radar de los poderosos como Estados Unidos. Y las amenazas de perder el dinero acumulado por esos militares y sus familiares a través de los embargos de sus bienes y los de sus familiares y testaferros también complica el escenario.

DETERIORO DEL LIDERAZGO

Mala imagen. La fractura entre Maduro y sus leales con el ejército es ya irreversible. Venezuela padece un impresionante colapso sistémico, con la administración pública en mínimos y muchos funcionarios abandonan sus puestos en busca de trabajos en el mercado negro con los que sobrevivir. El régimen tiene cada vez menos capacidad de pedir la inmolación de sus bases en la defensa de la revolución y las cajas de ayuda con las que el Gobierno pretende garantizarse la lealtad de los más pobres no parecen suficientes para resistir un huracán que arreciará con el endurecimiento de las sanciones, sobre todo por parte de la Unión Europea, las más temidas.

El afán acaparador del presidente y los escándalos de la familia aumentan sus enemigos

Otro elemento que ha generado un serio desarreglo en el interior de los cuarteles es el desacomplejado afán de Maduro por convertirse en el nuevo referente de la revolución bolivariana, en dura pugna con los chavistas-febreristas. La situación de enfrentamiento se ha recrudecido en los últimos meses y ha dejado el sigilo de los pasillos para saltar a la vida pública por la reticencia de amplios sectores -castrenses y civiles- de impedir la voluntad de Maduro de perpetuarse en el poder con un proyecto personal.

Por ello, el presidente venezolano se ha planteado a través de sus afines un proceso de «reideologización» de las fuerzas armadas bolivarianas. El objetivo es librarse de la sombra de Hugo Chávez y conseguir que los uniformados le sean fieles únicamente a él.

Rafael Ramírez, expresidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA), el gran holding de la economía del país caribeño, ha sido el primero en verbalizar «la traición de Maduro» al espíritu de Chávez, que lo habría elegido como sucesor durante su enfermedad en un momento en el que todavía confiaba en poder asumir el cargo de nuevo.

Pocos confían en que el proceso de adoctrinamiento de las fuerzas armadas que el madurismo pretende poner en marcha logre sus objetivos. «Ya no basta con la intimidación y la amenaza. Se necesitan estímulos positivos, señuelos y alicientes tentadores», explican fuentes de los interiores de los cuarteles donde el descontento no para de crecer.

Pésimo entorno

El afán de perpetuarse de Maduro ha quedado de manifiesto por los papeles estelares que en la vida pública como en la empresarial le ha otorgado a su mujer, Cilia Flores, y a los familiares directos de ambos, creando una especie de barrera entre ellos y el resto de la sociedad venezolana. Algunos casos, como el de los narcosobrinos, los dos familiares de la primera dama detenidos en Estados Unidos tras ser detenidos en una operación antidroga de la DEA, no hacen más que sembrar las dudas sobre el pésimo entorno que rodea al presidente Maduro, que revelan las prebendas de unos pocos -puestas al descubierto con el despilfarro de sus sobrinos- frente al «desmoronamiento sostenido, y ahora incluso acelerado, del Estado como prestador de los servicios de salud, educación, transporte, agua electricidad o gas cuyas deficiencias padecemos».

El febrerismo emerge para defender el legado de Chávez

Entre los más críticos con Maduro se encuentran los chavistas originarios, el grupo de personas que acompañó a Hugo Chávez en la toma del poder y que se ha mantenido siempre en las estructuras de mando. Son los llamados febreristas, miembros del grupo Movimiento 4F en recuerdo del primer intento golpista de Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992. Entonces, el Gobierno presidido por Carlos Andrés Pérez se mostró tibio y no acometió purga alguna entre sus adversarios para no parecer débil. Aquella primera escaramuza fracasó, pero meses más tarde, en noviembre, Chávez y sus acólitos consiguieron derribar al Gobierno legítimamente constituido. A Maduro no le ha importado lo que digan de él, ni en Venezuela ni en el exterior. Por eso, aprovecha cada movimiento para descabezar a la oposición.

Peligro latente

Pero el peligro sigue latente. Expertos en la situación interna venezolana creen que Nicolás Maduro «solo ha ganado un poco de tiempo». Sectores del Gobierno admiten abiertamente la fractura entre los febreristas, que exigen la restitución de la situación anterior a la instauración de la Asamblea Constituyente. Clíver Alcalá Cordones, un general retirado que es alcalde de Vargas, escribió una carta hace escasos días tras la detención del mayor general Miguel Rodríguez Torres, exministro del Interior y jefe del Servicio de Inteligencia durante el chavismo, en la que denunciaba «la reiterada violación de la Constitución bolivariana, que es el pacto social de paz y convivencia establecido por el espíritu democrático de los venezolanos». Alcalá Cordones se refería a la incompetencia del liderazgo civil del país y reivindicaba una solución procedente de las fuerzas armadas. «En estas circunstancias, donde los militares consideran al liderazgo civil incapaz de hacer frente a las arbitrariedades del Gobierno, aumenta la motivación para alzar la voz ante la desviación de las funciones gubernamentales, sostiene este general tras señalar que «el compromiso con Bolívar, con el Movimiento 4F y con los ciudadanos que no han alcanzado en los últimos años el grado de felicidad esperado, pero sí de miseria y tristeza, nos recuerda el papel de los hombres de uniforme como agentes defensores de la nación y de los venezolanos».