¿Y si al final no hay «brexit»?

Bruselas recibe con escepticismo los mensajes de la posible marcha atrás británica


bruselas / colpisa

Se usó en su día con la rebelde Grecia y se está empleando ahora con el Reino Unido registrando, además, un relativo éxito. La receta diseñada desde la gran cocina comunitaria se basa, simplemente, en permitir que los socios que buscan quebrar la venerada estabilidad del club se cuezan en su propia salsa. Sin prisa, a fuego lento. Como más duele.

Mientras en la UE reina la calma y una sorprendente unidad, en el Reino Unido siguen las dispuestas internas, los reproches, las dudas... ¿Y si al final resulta que no hay brexit? «La lógica dice que no, pero después de todo lo ocurrido estos dos últimos años y, sobre todo, con el lío que hay formado en el Reino Unido, no descarto nada. Y nada es nada», enfatizan fuentes diplomáticas que conocen de primera mano los tejemanejes de la negociación. Mientras la UE sigue acomodada en su sillón orejero acariciando su gato, los británicos se han adentrado oficialmente de lleno en el debate sobre la viabilidad de un segundo referendo que pueda provocar el exit del brexit. Vamos, que sigan en el club, algo muy improbable pero no imposible.

No solo lo están pidiendo destacadas personalidades políticas como el ex primer ministro Tony Blair, el ex viceprimer ministro de David Cameron y exlíder de los liberales, Nick Clegg, el influyente laborista Andrew Adonis o el alcalde Londres, Sadiq Khan. La sorpresa llegó el pasado jueves, cuando Nigel Farage, el excéntrico eurodiputado eurófobo que más hizo para que ganase el out (mentiras incluidas), abrió su aplicación de Twitter y disparó: «Quizá, solo quizá, deberíamos tener un nuevo referendo [...] Eso acabaría con el tema por una generación de una vez por todas». «Estoy de acuerdo con Nigel», respondió casi de inmediato Clegg. Si unos y otros están de acuerdo, ¿por qué no? Viendo la dimensión que estaba adoptando el debate, el Gobierno británico decidió salir al paso para descartar de forma tajante esta opción a través de un portavoz de Theresa May. Ojo, la nueva consulta puede convocarse por activa o por pasiva, es decir, que si la mayoría del Parlamento británico decide tumbar el potencial acuerdo que May alcance con los 27 antes de finales de este año, la crisis generada sería sísmica e impredecible. De hecho, Farage cree que el propio Gobierno provocará este escenario para poder justificar una digna marcha atrás.

Quizá la mejor metáfora del brexit son unas recientes declaraciones de la primera ministra en las que eludió contestar si ahora, visto lo visto, votaría a favor de la salida del Reino Unido de la UE. La persona que debe guiar al país para afrontar «la decisión más importante que debe tomar el país desde la Segunda Guerra Mundial», no dijo nada. Sintomático, sin duda.

En la UE, por ahora, reina el escepticismo. «No crean a quienes dicen que al final la razón aterrizará en las islas y que el brexit puede dar marcha atrás», zanjó esta misma semana Jean-Claude Juncker. Sin embargo, en la cumbre de diciembre, el presidente de la Comisión acrecentó la intriga asegurando que «eso depende del Parlamento británico y de la sociedad británica, no de nosotros».

De momento, la realidad dice que el brexit se consumará a medianoche del 29 de marzo de 2019. O no.

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