Los efectos de las altas temperaturas en la salud: «Afectan a todos los órganos»

VIDA SALUDABLE

Un hombre trata de refrescarse en una fuente en las calles de Ourense.
Un hombre trata de refrescarse en una fuente en las calles de Ourense. ALEJANDRO CAMBA

Beber agua, no exponerse al sol en las horas centrales del día y utilizar ropa transpirable son medidas clave para prevenir un golpe de calor

23 jun 2026 . Actualizado a las 11:57 h.

Galicia se enfrenta estos días a la primera ola de calor del verano. Unas altas temperaturas que afectan a nuestro cuerpo dificultando su capacidad para regular su temperatura interna, provocando deshidratación y sobrecarga de órganos. En casos más graves, puede derivar en un golpe de calor, una urgencia médica caracterizada por confusión, temperatura corporal extrema y piel seca. Aunque las personas mayores y los lactantes deben extremar las medidas, los especialistas advierten que ni los jóvenes se libran de las consecuencias. «Simplemente la deshidratación puede provocar efectos nocivos sobre el organismo», remarca Pedro García Ramos, médico de atención primaria y presidente de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) en Extremadura. 

Las altas temperaturas nos afectan provocando la dilatación de los vasos sanguíneos (vasodilatación) para liberar calor, lo que reduce la presión arterial y exige un mayor esfuerzo al corazón. Todo esto genera una pérdida de líquidos y sales que «puede traducirse en dolores musculares, debilidad y calambres», indica el doctor. Así, los vasos sanguíneos se ensanchan para enfriar la sangre, pudiendo causar hinchazón en las extremidades. A consecuencia de la vasodilatación y la pérdida de líquidos, se pueden pueden experimentar mareos, debilidad o incluso un desmayo (también conocido como síncope).

Además, las altas temperaturas generan una sensación de malestar, provocando un desvío de la atención y de recursos mentales en la búsqueda de alivio. Esta sensación se relaciona con una redistribución del causal de sangre en el cerebro, aumentando en zonas que participan en la regulación, como el hipotálamo, y se reduce en otras ligadas a las emociones —relacionándose con ese mayor nerviosismo e irritabilidad que podemos sufrir con el calor— y la atención. 

El golpe de calor 

«El golpe de calor se caracteriza, precisamente, por un aumento de las temperaturas ambientales. Nuestro organismo está funcionando habitualmente a una temperatura interna de 37 grados centígrados. A partir de ese momento, si sube, lógicamente provoca un deterioro del funcionamiento de diversos órganos», avanza el doctor, antes de detallar qué sucede en cada uno de ellos. «Si nos centramos en el sistema nervioso central, vamos a tener la sensación de mareo o de desmayo. En ocasiones, también se caracteriza por la presentación de náuseas o de vómitos. La persona se puede sentir confundida o incluso con una enorme somnolencia. A veces acompaña también incluso de fiebre muy alta o de piel excesivamente caliente». A este cuadro se le puede sumar una dificultad respiratoria. «El calor, al ser inhalado a altas temperaturas, va a provocar una inflamación de las mucosas y eso va a condicionar la respiración. Todo esto, en conjunto, puede provocar una pérdida de conciencia», sostiene García. 

Si se producen estos signos, se trate de una persona vulnerable —mayores, embarazadas, lactantes y niños— o no, hay que contactar con los servicios sanitarios. «Es una alteración fisiológica que puede dar lugar a un resultado catastrófico, cuanto antes se inicien las medidas, mejor», advierte el médico de familia. 

El empeoramiento de enfermedades que ya se padecen 

 Además de un posible golpe de calor, las altas temperaturas pueden provocar un empeoramiento de enfermedades que ya se padecen. «Personas que ya presenten una cardiopatía, una enfermedad pulmonar obstructiva crónica, una diabetes, una enfermedad renal, en fin, todas ellas pueden, digamos, verse sometidas a unos efectos mucho más nocivos en comparación con aquellas que no tengan ningún tipo de enfermedad», sostiene el doctor. 

En cuanto a las dolencias cardíacas, García indica que el efecto del calor, «al producir una vasodilatación de los vasos de nuestra piel, va a provocar una bajada brusca de presión que, lógicamente, va a dificultar el riesgo en situaciones más periféricas; para eso, el organismo responde, aumenta la frecuencia cardíaca y si el paciente tiene una arritmia previa, dificulta mucho su funcionamiento y puede colapsar», amplía. 

Aquellos pacientes que ya convivan con una enfermedad pulmonar obstructiva crónica (epoc) o «incluso un asma, que ya tiene un deterioro del aparato respiratorio, al inhalar calor a altas temperaturas, se inflaman las mucosas y eso dificulta aún más su respiración», aclara García. 

Sin olvidarse de niños, embarazadas y mayores que, son personas que cuentan con mayor vulnerabilidad. «Simplemente porque su sistema, en caso de lactantes, se está desarrollando y, por lo tanto, necesitan una estabilidad en todo su equilibrio organoléptico; mientras que las personas mayores van a necesitar mayor atención porque su vulnerabilidad es superior al resto de pacientes». 

Consejos para prevenir un golpe de calor 

Lo más importante es mantenerse hidratado bebiendo agua con frecuencia. «Es especialmente importante en personas ancianas, que suelen hacerlo con menos frecuencia. Hay que beber aunque no tengamos sed», remarca el médico de familia. «Nuestro sistema está preparado para combatir el calor produciendo una vasodilatación periférica de la piel y se empieza a evaporar líquido. Y a partir de ahí podemos entrar en una deshidratación que, lógicamente, va a afectar a todos los órganos, incluido el riñón, que ya va a estar más deteriorado en personas mayores», añade. 

También hay que tratar de evitar la exposición al sol en las horas centrales del día: «Permanecer en lugares frescos, si se puede, a la sombra. Utilizar una ropa ligera y, si es posible, que transpire». Asimismo, se aconseja reducir el ejercicio físico al sol. «Sobre todo personas jóvenes y deportistas que piensan que, por su juventud, están exentas de riesgo. No es cierto. Ellos también pueden sufrir un golpe de calor». 

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.