Venezuela, del pan racionado al hambre absoluta

Con la inflación disparándose día a día, las pensiones de los jubilados no llegan a los dos euros mensuales

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Caracas / corresponsal

Cada mañana, Alfonsina Soto, de 72 años, tiene la misma rutina. Antes del amanecer, se levanta, se viste y, desafiando la inseguridad caraqueña, coge sus 2.000 bolívares (menos que un céntimo de euro) y se dirige a hacer cola en la panadería, que atiende primero a quienes compran «pan regulado» (racionado y a precio más económico). Ese dinero le da para comprar dos bollos de pan, que serán su única comida del día, con un poco de café negro. La mayoría de los integrantes de la fila son jubilados como ella que cobran una pensión que no llega a los dos euros mensuales.

Desde antes de que salga el sol del Caribe, miles de personas se ubican en las colas de las grandes cadenas de hipermercados, para ver qué productos «regulados» pueden conseguir. Cada día hay menos. Hoy, para Alfonsina es imposible comprar, por ejemplo, un kilo de carne: «¿Cómo voy a comprarlo, si ya cuesta 350.000 bolívares, y mi pensión es de 300.000? Ni carne, ni pollo, ni leche, ni vegetales. Nos están matando de hambre», señala.

Solo en noviembre, el último mes del que se tienen cifras extraoficiales, la inflación en Venezuela fue del 90 %. En el 2017, según las estimaciones de la Asamblea Nacional venezolana, el índice de precios subió el 2.616 %. Para este año, algunos cálculos señalan que podría llegar a 30.000 %. Todo esto aderezado con una escasez cada vez mayor de alimentos y casi absoluta de medicinas.

Alfonsina no tiene fuerzas para protestar. Pero el 2018 ha comenzado muy conflictivo. Solo esta semana se han producido 220 protestas por la falta de alimentos, de las cuales un tercio han terminado en saqueos, señaló el diputado opositor Carlos Paparoni. En Mérida, el estado al que representa, el jueves en la tarde, durante una protesta, cuatro personas fueron asesinadas a tiros. En la misma región, saqueadores asaltaron una hacienda, y con machetes y piedras mataron y descuartizaron decenas de reses. Un vídeo hecho por los propios saqueadores se ha hecho viral.

En Vargas, muy cerca de Caracas, al comienzo de la semana, un guardia nacional mató a un adolescente de 16 años porque no quiso regalarle uno de los pavos que había robado en una granja. Los militares también pasan hambre: cuatro funcionarios del Ejército que grabaron un vídeo en el que reclaman mejor rancho fueron detenidos por la contrainteligencia militar. Y 55 guardias nacionales están detenidos por protestar en Fuerte Tiuna, la principal base militar del país, exigiendo más comida.

La respuesta del Gobierno de Nicolás Maduro, imposibilitado ya de imprimir más dinero que tenga algún valor (el billete más grande ya representa menos de 50 céntimos de euro), ha sido imprimir bonos y regalarlos, y rebajar por decreto los precios en las grandes cadenas de hipermercados a comienzos de año, generando rebatiñas en los comercios. Esto ha producido mayor desabastecimiento, que se agrava, además, porque los saqueos ya no se limitan a los locales; desde comienzos de año, de las grandes ciudades han desaparecido los productos frescos, porque los camiones son atacados en las carreteras.

El panorama social del país es desolador, señala Susana Raffalli, coordinadora de Cáritas, quien indica que ya la malnutrición alcanza a dos tercios de los niños, y la desnutrición severa, a 15 %, lo que representa cifras de crisis humanitaria. Maduro, sin embargo, rechaza la ayuda internacional que le están ofreciendo diversos países. El presidente, Juan Manuel Santos, lo conminó a permitir el ingreso de alimentos y medicinas y «no dejar sufrir más a su pueblo».

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