El Ejército frustra el plan de Mugabe para nombrar sucesora a su mujer

Los militares de Zimbabue toman el control del país y ponen bajo arresto al presidente


Redacción / La Voz

La pretensión de Robert Mugabe de que su esposa Grace lo sucediera ha terminado por provocar su caída. El presidente de Zimbabue permanecía el miércoles bajo arresto después de que el Ejército tomara el control del país, aseguran que «temporalmente», para eliminar a los «criminales» del entorno al jefe del Estado, en definitiva los consejeros y conspiradores que le han guiado en sus ultimas decisiones. La principal la destitución del vicepresidente Emmanuel Mnangagwa, considerado el sucesor natural del presidente de 93 años por ser uno de los líderes históricos de la independencia del país.

Apodado el Cocodrilo por su astucia política, Mnangagwa huyó del país la pasada semana después de ser acusado de traición. Fue la gota que colmó la paciencia del Ejército, que siempre ha sido fiel a Mugabe. Los generales de la vieja guardia no están dispuestos a que le gane la partida la Generación 40, la facción más joven liderada por la primera dama. De ahí que el jefe del Ejército, el general Constantino Chiwenga, lanzara el lunes una clara advertencia de intervención, que finalmente se hizo efectiva la madrugada del miércoles.

Los militares insisten en no considerar su acción un golpe de Estado, pese a la presencia de tanques y tropas en las calles y la toma de la televisión estatal, dos de los pasos de manual en todo golpe que se precie. «Esto no es una toma militar del Gobierno. Lo que estas fuerzas quieren es pacificar una situación degenerada política y socialmente», anunció el general Sibusiso Moyo. «Tan pronto como hayamos cumplido la misión esperamos que la situación retorne a la normalidad», agregó.

El papel que le aguarda

Los militares no aclararon el papel que tienen reservado a Mugabe, quien está confinado en su residencia oficial en Harare pero al que no dieron oficialmente como cesado del cargo que ocupa desde la independencia del país en 1980. En una declaración leída en la cadena pública, aseguraron que Mugabe, «presidente de la República y jefe del Ejército», «está sano y salvo» junto a su familia y «su seguridad está garantizada». El presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, confirmó tras hablar por teléfono con el mandatario que «está bien».

Más dudas hay respecto al paradero de la ambiciosa primera dama de Zimbabue. Grace Mugabe, la segunda esposa de Robert y más de 40 años más joven que él, se encontraría en Namibia según fuentes opositoras y del partido gobernante ZANU-PF. También permanecen arrestados tres ministros, todos ellos identificados con la facción alineada con Grace Mugabe. Tanto la ONU como la Unión Africana piden una solución constitucional a la crisis.

De héroe revolucionario a sátrapa delirante

Fue una de las grandes esperanzas de la África de la descolonización que se desvanecieron con el paso de los años. De luchador contra el apartheid a sátrapa delirante. «Solo Dios, que me ha nombrado, puede destituirme», llegó a decir el nonagenario Robert Mugabe. Pasó diez años encarcelado por su activismo contra el régimen racista de Ian Smith en la antigua Rodesia y otros tantos más como líder de la guerrilla. Muchos quisieron ver en él al Nelson Mandela de la independizada Zimbabue. Pero fue su antítesis. Uno siguió el camino del perdón y dio a su país un futuro estable, el otro hizo sucumbir al suyo por su ansia de poder.

En 1980, Mugabe pasó de ser el héroe revolucionario para convertirse en primer ministro y en apenas dos años en jefe de Estado. El mundo saludó entonces a un intelectual de retórica brillante que predicaba la reconciliación entre blancos y negros y apostaba por la democracia. Su prestigio como líder independiente y su afinidad al socialismo, lo convirtieron en uno de lo socios mejor valorados del club de los Países No Alineados.

Era la década de los ochenta, la economía crecía y Zimbabue se convertía en el granero de África. La máxima prioridad eran las inversiones en sanidad y educación (el índice de analfabetismo bajó rápidamente). Era el país a imitar y Mugabe el arquetipo de jefe de Gobierno de éxito y moderno.

La llegada al poder en Sudáfrica de Mandela coincidió con el declive de Mugabe. Era los años noventa y el presidente lanzó una controvertida reforma agraria que implicó la confiscación de granjas de blancos para su redistribución entre los negros. Fue el pistoletazo de salida hacia la ruina económica del país y la campaña de represión para perpetuarse en el poder, que comenzó por anular la victoria del opositor Morgan Tsvangirai en el 2008.

El hombre con trajes con vistos estampados se convirtió en un déspota, de la mano de Grace, la mecanógrafa con gustos caros que llegó a ser la mujer más poderosa de Zimbabue.

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