Trump saborea el poder de la Casa Blanca

Obama y el presidente electo ponen en marcha la transición en un ambiente frío y tenso


Fue el lunes la última vez que Barack Obama advirtió a los estadounidenses que no podían confiar el arsenal nuclear de la nación a alguien como Donald Trump. Cuatro días después, recibía al magnate como presidente electo en el despacho oval de la Casa Blanca dispuesto a traspasarle la vasta burocracia del Gobierno, así como toda la información confidencial de la nación, un legado de 122.000 gigas guardados en una división especial del gabinete. Desde ayer, Trump recibe información diaria sobre en qué misión trabajan la CIA o el Pentágono. Es así como comienza la fase de un traspaso de poderes que culminará el próximo 20 de enero con la investidura del neoyorquino.

Obama prometió el miércoles tener con Trump la misma disposición que George W. Bush tuvo con él hace ocho años. Sin embargo, los ánimos no fueron los mismos. Quedó patente en la sigilosa llegada del presidente electo y su mujer, Melania, que no llevaron periodistas en su avión, como suele ser habitual, y accedieron a la Casa Blanca por el jardín sur para evitar a la prensa - a la que acusó en campaña de ser «lo más deshonesto del mundo»-. Tampoco hubo una fotografía como aquella del 2008 de los matrimonios Obama y Bush sonrientes en la puerta.

Tras hora y media de reunión, ambos líderes comparecieron ante los medios. La distancia entre ambos fue digna del análisis de cualquier experto en comunicación no verbal, pero aun así, el patriotismo se impuso. «Vamos a hacer todo lo que podamos para ayudarle a tener éxito, porque si usted tiene éxito, el país tendrá éxito», dijo Obama sentado a la derecha de Trump.

El mandatario aseguró haber mantenido una «excelente» conversación con su sucesor, especialmente sobre política exterior y política nacional. «Me siento muy alentado por el interés del presidente electo en trabajar con mi equipo», añadió. «Trabajemos juntos para lidiar los muchos retos que afrontamos», zanjó antes del turno del republicano.

«Estoy deseando trabajar con el presidente en el futuro, incluso para pedirle consejo», respondió Trump en tono pacificador. «Ha sido un gran honor conocerlo, siento un gran respeto por él», añadió. «¿Cómo es el presidente?», preguntó un periodista. Obama tomó el brazo del magnate y le dijo: «Aquí tienes un consejo, nunca respondas preguntas cuando ellos comiencen a gritar», dijo bromista. «Es un gran hombre», contestó Trump, como si estuviera intimidado. Era la primera vez que se veían, al igual que sus esposas, Michelle y Melania, que mantuvieron una «excelente conversación».

La mañana en Washington D. C. también llevó a Trump y al vicepresidente electo, Mike Pence, a reunirse con Paul Ryan, presidente del Congreso, quien hace escasamente un mes se negó a hacer campaña por Trump. Ayer ambos prometieron trabajar juntos.

Dos equipos previstos

En las últimas semanas, en la Casa Blanca ya se habían preparado para la transición tanto un equipo para el republicano como otro para su rival, Hillary Clinton. Son muchos los retos del nuevo Ejecutivo y, por ello, personas de máxima confianza del magnate ya trabajan con Washington.

Ayer desde la torre Trump de Nueva York, el líder del equipo de transición, el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, encabezaba una reunión con el presidente del partido, Reince Priebus, y la directora de campaña, Kellyanne Conway. El ritmo de trabajo es frenético. Según Colpisa, Trump no esperaba ganar, la noche de las elecciones su equipo le dijo que se preparase para perder. Cuando Ryan le mostró el majestuoso balcón del Capitolio, impresionado con la vista del poder, Trump le dijo: «Esto va a ser genial, vamos a hacer un gran trabajo».

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