La mujer de Trump

INTERNACIONAL

02 ago 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Qué gracia nos hacen ciertos deslices. Sobre todo si no van con nosotros, si no nos tocan la fibra de la identidad. Andamos en lenguas con el alarde castellano de la Villalobos, feliz ella «con la nominación de Hilaria Clinton» a la presidencia de un país. Los memes se multiplican en Twitter como el merchandising en campaña para darle coba a nuestro sentido del humor, tan fresco, sala’o como un caldito de hueso. Hemos visto de todo, incluso a Celia Housewolfs convertida en ¡Hilaria Pino! Confieso que he reído. La verdad, alivia dejarse llevar por la comunidad de la risa floja viendo cómo go las cosas aquí, allá y en torno a ese futuro Versalles que puede ser la Casa Blanca. Un bicho virtual a todo color se ha convertido en realidad y aspira al mando. No, no me refiero a Pokémon. ¿Hablamos en serio de Trump? Desde luego, es más agradable mirar a su esposa que oírle bromear sobre espionaje o responder con ironía al desconsuelo los padres de un soldado muerto en Irak. Porque ese odio cerval a la diferencia del que Trump hace espectáculo es insoportable. Empezando, o acabando (como siempre) con la mujer, a la que es tan peligroso, según el magnate naranja, colocar en el mercado laboral. La mujer de Trump no se llama Melania. La mujer de Trump tiene muchos nombres y un destino común: el silencio. Y esto implica al mundo entero.