Los cuatro países de Visegrado se unen para intentar devolver la UE a su origen
INTERNACIONAL
Polonia, República Checa, Eslovaquia y Hungría creen que Europa debe centrarse más en los problemas reales de los ciudadanos y menos en cuestiones institucionales
22 jul 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Polonia, República Checa, Eslovaquia y Hungría, los cuatro socios de Visegrado han ideado un plan para reformar a su imagen y semejanza la Unión Europea. «Todos estamos de acuerdo en que la UE debe volver a sus orígenes, centrarse más en los problemas reales de los ciudadanos y menos en cuestiones institucionales», aseguró ayer en Varsovia la primera ministra polaca, Beata Szydlo, como presidenta temporal de la alianza.
El mensaje esconde las intenciones verdaderas de sus líderes. En primer lugar, el deseo de renacionalizar competencias para evitar el aliento de Bruselas en la nuca. En los últimos meses Szydlo se las ha tenido que ver con la Comisión Europea. El equipo de Jean Claude Juncker sacó tarjeta roja a Polonia por la deriva autoritaria de su Gobierno. La independencia de la Justicia y el Estado de derecho en el país están bajo lupa. Eslovaquia y Hungría tampoco han podido esquivar las críticas de la Comisión por negarse a acoger refugiados, incumpliendo el acuerdo de cuotas sellado con el resto de socios europeos.
Szydlo arremetió contra las instituciones comunitarias: «No pueden imponer indiscriminadamente su voluntad», se quejó. Pero lo cierto es que las decisiones de mayor peso y trascendencia para el conjunto de la UE recaen en manos de una mayoría cualificada en el Consejo, integrado por los 28 líderes europeos. Tanto los acuerdos en materia migratoria como en materia de estabilidad económica se adoptan por consenso entre las capitales.
Otro de los argumentos que enarboló la polaca para cargar contra el actual funcionamiento de la UE es que «la Europa de las instituciones no ha cumplido con las expectativas de los europeos». No pensaban lo mismo hace solo doce años, cuando se unieron a un club con más de medio siglo de historia. A pesar de ello, Szydlo aseguró que Visegrado quiere jugar un rol «muy activo en el proceso de cambio». Quieren la UE del mercado común y los fondos estructurales, pero no la UE de la política migratoria y de seguridad común. Las dudas sobre el afán de colaboración de los países centroeuropeos saltan a la vista si se hace un breve repaso de los desplantes y desafíos lanzados por sus miembros en los últimos dos años. Los obstáculos y las amenazas de bloqueo han sido un quebradero de cabeza constante para el resto de la UE.
«El brexit es una señal de aviso», advirtió Szydlo para poner el broche a una reunión a la que también asistió el húngaro, Viktor Orbán. No dudó en utilizar el reciente atentado de Niza para intoxicar más el debate público en torno a la crisis de refugiados: «Existe una relación clara entre inmigración irregular y terrorismo. Si alguien lo niega estará perjudicando a la seguridad de los ciudadanos europeos», indicó tan solo un día después de que Europol descartase con claridad esa posibilidad.