«El 'brexit' es un paso atrás»

Rita Álvarez Tudela LONDRES

INTERNACIONAL

R. Á. T.

Los científicos ven con preocupación la decisión de abandonar la UE

11 jul 2016 . Actualizado a las 10:26 h.

Hablar con Alberto Naveira Garabato implica irse a Southampton, la ciudad desde cuyo muelle partió el Titanic antes de hundirse. Es un lugar imprescindible para los que se dedican a estudiar el mar. Naveira trabaja en el Centro Nacional de Oceanografía de Southampton, uno de los más importantes del mundo. «Normalmente, después de 11 años, ya le ves a los sitios todo lo negativo, pero yo me encuentro muy bien», reconoce el investigador gallego.

Este oceanógrafo coruñés llegó al Reino Unido en 1991 para estudiar el último año de bachillerato en el colegio español Cañada Blanch de Londres. Lo que en un principio era un plan de un año de duración para mejorar su inglés, terminó convirtiéndose en una proyecto de vida. A los 16 años, Naveira tenía claro que quería estudiar física, porque le gustaba la oceanografía: «Debe de ser por crecer al lado del mar y todo eso».

Hizo la carrera de Física en la Universidad de Southampton. Luego se fue a hacer el doctorado a la Universidad de Liverpool y comenzó como profesor en la de East Anglia. En el 2008, la Unión Europea de Geociencia (EGU, por sus siglas en ingles) lo reconoció con el premio al Joven Destacado del Año. Una carrera imparable, hasta convertirse en catedrático.

Su especialidad es entender la física de la circulación del océano. Naveira explica cómo nuestra relación normal con el océano es la de ir a la playa y ver las olas, pero ese agua está siempre en movimiento, con grandes corrientes que van de un sitio a otro. Y ahí es donde entra en juego su trabajo, imprescindible para entender cómo funcionan las corrientes y cómo van a cambiar con «el experimento tan interesante que estamos haciendo de echar todo este C02 a la atmósfera», dice en un tono irónico, refiriéndose al cambio climático.

La oceanografía avanza a un ritmo frenético con la introducción del uso de robots marinos. Son capaces de estudiar puntos del océano a los que un científico no puede llegar y consiguen mediciones que antes eran imposibles, por ejemplo, en medio de una tormenta. «Te tienes que meter dentro en cuanto el capitán te dice, 'aquí no sale nadie', ya que es peligroso, pero el robot sigue ahí», cuenta Naveira. Ahora, los datos se ha multiplicado tanto que la comunidad científica está aún perpleja e intentando solucionar cómo analizarlos.

A Naveira le apasiona cómo el Reino Unido, a pesar de ser un país relativamente pequeño, «tiene una visión muy global y abierta» de los problemas científicos a los que se dedica. Una de las áreas por las que el Reino Unido siempre apuesta es la Antártida, porque en su entorno están las Malvinas. «Hay razones políticas para querer estar siempre ahí. No es todo inocente y noble», pero eso beneficia a investigadores como Naveira.

Frente a ese mensaje internacional y global, los científicos ven ahora el brexit como un paso atrás. «Nos preocupa a todos, estamos enviando un mensaje al mundo contrario a lo que estuvimos haciendo», cuenta. Ahora, oyen cómo científicos interesados en venir al Reino Unido o que llevan poco tiempo aquí están preocupados y se preguntan si de verdad es un buen sitio para desarrollar su carrera. También estudiantes que podrían verse afectados por falta de visados o por el incremento de tasas. Por el momento, todavía se ve trabajando aquí. Ve «un buen equilibrio entre estar cerca de Galicia y hacer ciencia de primer nivel». Y además, cree que el Gobierno quiere obtener réditos de la ciencia y traduce sus estudios en decisiones políticas.