Dagas y coronas en el Partido Conservador

Boris Johnson, que apuñaló a David Cameron al ponerse inesperadamente de parte del brexit, ha sido a su vez acuchillado


En la política británica suele decirse solemnemente que «aquel que empuña la daga nunca luce la corona». Aunque mucha gente cree que es una cita de Shakespeare, en realidad la frase sale de una novela de quiosco de un tal Gavin Esler. Pero es igual, la verdad del dicho vuelve a confirmarse estos días. Boris Johnson, que apuñaló a David Cameron al ponerse inesperadamente de parte del brexit, ha sido a su vez acuchillado esta semana por su compañero en la campaña, Michael Gove. Además de anunciar que le disputaría el liderazgo del Partido Conservador, y por tanto, el puesto de primer ministro, Gove desautorizó a Johnson de tal forma que le ha obligado a retirarse de la carrera.

La caída de Johnson y la puñalada de Gove hay que verlas en el contexto de la lucha que se ha desatado en Gran Bretaña para gestionar el resultado del referendo. Los partidarios de la salida de la UE ganaron con claridad -un diputado europeo, David Hannan, lo recordaba ayer: es la cosa por la que más británicos han votado en toda su historia-. Pero los euroescépticos tienen un problema: aunque cuenten con la mayoría social, carecen de las herramientas para hacer cumplir ese mandato. Eso solo pueden hacerlo el Gobierno y el Parlamento, es decir los partidos. Y ahora mismo los dos partidos principales son contrarios a activar el artículo 50 del Tratado de Lisboa, que precipitaría la salida del país de la UE.

David Cameron ha dimitido, y en principio lo lógico sería que fuese sustituido por uno de los dirigentes que han apoyado el brexit. Pero el partido ha quedado roto y enfrentado, y los europeístas -o seudoeuropeístas, porque en realidad hablamos de euroescépticos pragmáticos- se han propuesto resistir. Su candidata es Theresa May, una reencarnación de Margaret Thatcher pero con aún menos sentido del humor, una ministra del Interior de la línea dura pero que se decantó por la permanencia en la UE. Aunque se ha apresurado a aclarar que para ella «brexit significa brexit», no hay necesidad de creérselo y su llegada a Downing Street daría esperanzas a quienes quieren que Gran Bretaña no salga de la UE o que al menos tarde y no sea más que una salida a medias.

Esta amenaza ha puesto en guardia a los conservadores partidarios del brexit, que han empezado por eliminar a los que flojean. De ahí la caída de Boris Johnson. Los euroescépticos tenían que entregar un chivo expiatorio que pagase por el daño hecho al partido, y Bojo, como se conoce a Johnson en su cada vez más reducido círculo de amistades, es la víctima ideal porque no es un euroescéptico de pura cepa y se sabe que estaba dispuesto a un arreglo intermedio con la UE. Con él fuera del juego, todo el voto antieuropeo se concentraría en Michael Gove, mucho más firme.

Pero también a Gove el puñal podría costarle la corona. Ahora resulta que el grupo de presión antieuropeo solo le ha utilizado para liquidar a Johnson. Ante la evidente falta de carisma de Gove, los euroescépticos han destapado a otra candidata: Andrea Leadsom, dura como Theresa May pero antieuropea. Estas vacilaciones y traiciones pueden costarles muy caras a los partidarios del brexit. El martes comienzan las votaciones y Theresa May ya parte en cabeza. Si gana, la próxima puñalada en la espalda podrían llevársela los 17,4 millones de británicos que votaron por salir de la UE.

Pero ni será fácil ni hemos llegado todavía ahí.

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