El rey de la comedia cae en la tragedia

Tras su traición a Cameron, el político conservador se queda fuera de la sucesión por otra puñalada «amiga»


REDACCIÓN / LA VOZ

Seguro que Boris Johnson, acostumbrado a salir silbando de los líos más tumultuosos, no se esperaba este final a su última aventura. Ni tampoco los británicos. El orondo, rubio oxigenado y un pelín estrafalario exalcalde de Londres nunca defrauda. Así que su renuncia a la carrera hacia el 10 de Downing Street, hoy una noticia de alcance, no hará sino engordar el abultado anecdotario de este personaje. Estamos sin duda ante el político más singular del Reino Unido en las últimas décadas, convertido en un particular capitán Araña que embarcó a sus compatriotas en la salida de la Unión Europea, provocando la caída de David Cameron para asaltar la dirección del partido a la que ayer renunció oficialmente.

Poseedor de una vasta cultura (es capaz incluso de hablar en latín) y un ingenio fuera de lo normal, Johnson o mejor, Boris, como todo el mundo lo conoce en el Reino Unido, es un especiaista en salir vivo de cualquier situación, por incómoda que pudiera parecer. A estas alturas, ha admitido el consumo de drogas, infidelidades varias, hijos secretos o un pasado loco en el Bullingdon Club, una de esas hermandades estudiantiles capaces de todo. Nada de eso le ha perjudicado significativamente. Ni siquiera en una cultura donde mentir es un asunto muy serio que suele tumbar la carrera de un político. A Johnson se le conocen dos bastante gordas: una cita del historiador Colin Lucas que directamente se inventó para redondear uno de sus primeros reportajes periodísticos, lo que le valió su despido fulminante del rotativo The Times, y la empecinada negación de su romance con la periodista Petronella Wyatt: «Una pirámide invertida de bobadas», dijo semanas antes de claudicar y admitir la relación tras el acoso inmisericorde de la prensa sensacionalista.

Viejo euroescepticismo

Johnson superó sin apuros aquel problemilla con el Times. De hecho, se enroló en el Daily Telegraph que acabó por enviarlo como corresponsal a Bruselas en tiempos de Jacques Delors. La leyenda cuenta que las crónicas de Boris fueron tan duras y tan ácidas con las instituciones europeas que acabaron creando escuela de manera que Boris se convirtió en el periodista favorito de Margaret Thatcher y provocó que los directores del resto de periódicos pidieran a sus corresponsales que adoptaran un tono similar. Así que el euroescepticismo de Boris no es nuevo. De hecho, él mismo se arroga ser el inventor del término.

A base de bufonadas y de un indiscutible magnetismo personal, Johnson dio el salto a la política integrándose en el Partido Conservador y aprovechando la llegada de su ex compañero de los elitistas Eton y Oxford, David Cameron para instalarse en la primera fila. Contra todo pronóstico, en el 2007 se hizo con la candidatura a la alcaldía de Londres y, un año después, consiguió su mayor éxito político hasta el momento desbancando al laborista Ken Livingstone.

Las hipérboles

Al frente de una de las ciudades más grandes del mundo, Johnson apuntaló su leyenda y logró una reelección que le permitió ser el alcalde durante los Juegos Olímpicos de 2012, multiplicando su ya enorme popularidad y perfilándose como la alternativa de futuro para encabezar a los tories. El compromiso de Cameron con el referendo le abrió la gran puerta y Boris la traspasó con una puñalada trapera histórica: «Lo último que quiero es ir contra David Cameron o contra el Gobierno», dijo el día que confirmó su alineación con el brexit. «Pero me gustaría ver una nueva relación con Europa».

Boris no escatimó hipérboles en la campaña del referendo: «Estamos siendo víctimas de un lento e invisible proceso de colonización legal», llegó a decir. Y, por si no quedaba claro, comparó el proyecto de la Unión Europea con los planes de Napoleón o Hitler de crear un gran Estado europeo. Su contribución al brexit resultó definitiva. Lo que Boris no esperaba es que uno de sus compañeros de aventura anticomunitaria, el ministro de Justicia Michael Gove, le aplicara una adelantamiento inesperado. El otro amigo de Cameron que se pasó a la acera del brexit iba a ser el mejor apoyo de Johnson para asaltar el poder en el Partido Conservador. Pero ha sido Gove el que ha anunciado su candidatura, dejando a Boris como a Bruto, el asesino de César: con las manos llenas de sangre pero sin poder sustituirle. Así que el rey de la comedia se ha convertido finalmente en protagonista de una tragedia shakesperiana. Quien a hierro mata, a hierro muere, dicen. Pero no se despidan de él. no todavía.

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