El «brexit» amarga la despensa gallega

Los sectores lácteo, pesquero, vitivinícola o conservero temen que un recorte de las compras a Galicia desde el Reino Unido, 120 millones al año, amplifique sus problemas


redacción / la voz

El brexit tendrá un impacto notable desde la gran banca europea hasta pequeños productores de miel del noroeste español. Y para el sector alimentario gallego (desde el lácteo hasta la pesca, la carne, la conserva...), el adiós del Reino Unido es una mala noticia que puede ahondar en su situación de endémica crisis. Están en juego algo más de 120 millones anuales, volumen medio de las exportaciones de todo el sector primario durante el último trienio.

Sector vitivinícola y cárnico serán de los más perjudicados por el cierre de las fronteras británicas al resto de la UE. Desde las organizaciones profesionales se cree que el aumento de los aranceles que implicará colocar productos en las islas jugará contra los agricultores, viticultores y ganaderos gallegos. «El británico es un mercado muy importante para nosotros. No tenemos ningún plan alternativo, es algo inesperado pero que me preocupa más como ciudadano», explica Juan Vázquez, director general de la bodega Martín Códax.

Según datos del comercio exterior español, la conserva, el vino, la producción ecológica -miel y productos de huerta principalmente- y la carne son, por ese orden, las principales exportaciones gallegas al Reino Unido. Suman estas 70 millones, frente a los cuatro en importaciones, los que arroja una balanza comercial claramente favorable a Galicia.

El nuevo sobresalto llega cuando aún están latentes las consecuencias del veto ruso a las importaciones de la UE. La salida del Reino Unido traerá más negativas repercusiones para la huerta, la fruta, el aceite o el vino. No en vano, el mercado británico es uno de los principales destinos de las exportaciones agroalimentarias españolas, con algo más del 8 % del total, por valor de 5.000 millones al año. Es significativo el caso de producciones como las hortalizas frescas -el 20 % de las importaciones totales británicas proceden del Estado español- o del vino, pues el Reino Unido es, tras Alemania, el principal país del mundo por volumen de demanda de vinos de calidad. «Nosotros no hemos pensado en un plan b, quien se lo tiene que plantear es el comprador allí y dependerá de cómo esté la libra. Mucho no podemos hacer, esto lo marca la economía», admitía Araceli Fernández, de Godeval, una bodega de Valdeorras.

«Hay dos años previstos de negociaciones para esa salida, puede pasar cualquier cosa, la UE ahora debería avanzar en la unión política, lo mejor para todos», agrega Jesús Alonso Escurís, presidente de la conservera Jealsa. 

Reforma de la PAC

El brexit también tendrá repercusión directa sobre la aplicación de la política agraria común, que se creía vigente hasta 2020 tras ser renovada en el 2014. Ahora habrá que realizar los ajustes derivados de la salida de uno de los Estados que, con casi el 11 %, más contribuía al presupuesto comunitario y por tanto a la financiación de la PAC. «Reino Unido aportaba unos 3.000 millones anuales, cifra similar a la que perderá, solo en el primer pilar de ayudas durante este año y a la que hay que sumar 5.200 millones más en programas de desarrollo rural», dice Lorenzo Ramos, secretario general del sindicato UPA.

También las firmas de distribución están alerta. «Con la devaluación de la libra, nos genera gran incertidumbre sobre la posibilidad de llevar a nuestros clientes nuestros productos. Para nuestra empresa no es una buena noticia», admitía Artur Yuste, director general del Grupo Cuevas, en Ourense. En Lugo, la panadera Ingapan respira aliviada por su escasa cuota en ese territorio.

«Nos quedamos a expensas de la negociación que se abra»

Los armadores gallegos con inversiones en el Reino Unido todavía no han despertado del shock del sí al brexit. «Tristes» es el primer calificativo que acude a la mente de Juan Carlos Corrás, gerente de Pescagalicia, con una veintena de barcos de capital gallego con bandera británica, al describir cómo se han tomado el resultado del referendo estos empresarios. «Preocupados» es el segundo que le viene a la cabeza. Pero, sobre todo, recalca el de «expectantes». Su futuro «depende de la negociación que se abra ahora». Y de cómo se resuelvan las tensiones creadas en el propio Reino Unido la secesión de la UE. «Quizá haya que esperar a la independencia de la independencia», dice Corrás aludiendo a que Escocia, donde operan buena parte de los barcos españoles allí abanderados, quiere permanecer en Europa. A ello hay que sumar unas de pescado ventas anuales por unos 50 millones. 

Juan Carlos Corrás
Juan Carlos Corrás

No les cabe duda de que les esperan serios trastornos. Similares a los que hace años les causó la Mercant Shipping Act, la ley británica tumbada por la Justicia Europea, que obligaba a los extranjeros con inversiones pesqueras a tener un vínculo con el Reino Unido y muchos armadores tuvieron que cambiar para suelo británico su residencia.

¿Cómo acabará esto? «Nadie lo sabe. Poco a poco se irán viendo las repercusiones, que pueden ser más o menos graves». Por lo de pronto, está la cuestión del mercado. El Reino Unido come bacalao, eglefino o merlán, pero la merluza, el rape, el gallo o la cigala que pescan barcos británicos con claro acento gallego lo envía a Europa. Bajo qué condiciones y gravamen entrará ahora será crucial para los armadores que, de todos modos, no se plantean abandonar unas inversiones que tienen allí alguno incluso desde antes de la entrada de España en la UE. Inquietan también las trabas a la circulación de personas y qué ocurrirá con los tripulantes. «Se supone que habrá que firmar un convenio bilateral, darlos de alta en Gran Bretaña... No sé», dice.

Y está la cuestión de las aguas, que tendrá que figurar también en el convenio de divorcio. El Reino Unido aporta a los caladeros comunitarios amplias extensiones de mar como el oeste de Escocia, parte del mar del Norte y el canal de la Mancha. «¡A ver quién le va a poner las puertas al mar!», pregunta Corrás, que dice que es cierto que hay buques comunitarios pescando en aguas británicas, y al revés.

¿Lo bueno? «Que la flota estará exenta del cumplimiento de la política pesquera común». Es decir, de acatar las cuotas que impone Bruselas, de la prohibición de los descartes, del rendimiento máximo sostenible... Corrás teoriza con que la pesca quería dar «un toque de atención» a la Comisión, harta de tener que acatar «normas hechas por quienes no saben qué es un barco». Claro que se les ha ido de las manos.

Con información de X. R. Alvite, S. González, M. Cobas, M. Ares, M. Vázquez y S. Varela.

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