Brindis por la UE con vino inglés

Xesús Fraga
xesús fraga REDACCIÓN / LA VOZ

INTERNACIONAL

TOBY MELVILLE | Reuters

El europeísmo del escritor Julian Barnes representa lo mejor que Inglaterra ha dado de sí cuando mira al continente

21 jun 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace casi veinte años, Julian Barnes (Leicester, 1946) publicó Inglaterra, Inglaterra, una ácida sátira sobre cómo un millonario reunía las esencias patrias en un parque temático que cobraba vida propia. Poder visitar en un mismo recinto Stonehenge, el Big Ben y Harrods seguro que entusiasmaría a buena parte de los partidarios del brexit, pero no en vano el propio Barnes ha definido la ironía como lo que su interlocutor no acaba de captar. A él le ha caído la etiqueta de ser el escritor británico francófilo, pero en su obra hay libros ambientados en Europa del este o relatos sobre Sibelius, y está traducido a 47 idiomas. El jueves varios de sus editores europeos se reunieron en Londres con Barnes para celebrar con una cena su 70 cumpleaños y, ante ellos, el autor confesó que hasta que se vio traducido no empezó a considerarse un escritor de verdad.

Era inevitable abordar el referendo y Barnes lo hizo tanto en su bienvenida a los invitados como en conversaciones informales. Rebatió el estereotipo de la insularidad con una verdad literaria: la primera traducción inglesa del Quijote apareció en 1612, mientras que los españoles tuvieron que esperar hasta 1798 para leer un Hamlet vertido del francés. El propio menú era un muestrario de europeidad: vinos franceses e ingleses -sí, existen-, caballa ahumada, cordero, quesos, bresaola, raviolis o panacotta.

Más allá de los lazos históricos que han atado al Reino Unido a Europa y que los partidarios del brexit parecen haber olvidado, la campaña en sí ha sido criticada. Barnes explicaba que ambas partes han justificado sus argumentos con una profusión de cifras y porcentajes cuyo pleno entendimiento solo está al alcance de un especialista en finanzas. Y si la economía sirve para defender una postura y su contraria al mismo tiempo, solo queda olvidarse del raciocinio y centrarse en las emociones, que los partidarios de irse han centrado en el temor a la inmigración. Los resultados les habían favorecido y el jueves habían aumentado su ventaja en las encuestas (no así en las casas de apuestas, quizá un termómetro más fiable). Para empeorarlo, a las tres de la tarde la selección inglesa perdía ante Gales, aunque luego remontó: «Llegué a pensar que nos echarían de la Eurocopa antes de que nos diese tiempo a irnos de la Unión», ironizó el escritor.

La cena con Barnes también constató cómo los decididos a quedarse parecen mayoría en Londres, pero fuera de la capital hay muchos lugares donde las proporciones se invierten. De hecho, en las calles más céntricas nadie diría que una semana más tarde está prevista la celebración de un referendo decisivo. Hay que escudriñar para dar con algún indicio -un pin aquí, un lema escrito en un impermeable allá- entre el río incesante de turistas que deambulan entre tienda y tienda de grandes cadenas de ropa, comida rápida o café. En los medios, especialmente la televisión, la cobertura al minuto de las reacciones tras el asesinato de Jo Cox relegó el debate.

Si uno se aleja hacia la periferia se encontrará con expatriados españoles que comentan con cierto tono de envidia que, más allá de abandonar o permanecer en la UE, se puede plantear un debate sobre la Europa que queremos construir, a la vez que confiesan su decepción con el debate a cuatro de las elecciones españolas. Un tema por el que también inquiere Barnes, con una copa de un multipremiado espumoso inglés en la mano: «Por ley no se le puede llamar champán». En el brindis por los 70 años del escritor -y por la permanencia en Europa- era difícil distinguirlos: otra muestra de lo mucho que une al Reino Unido con el continente, más allá de las etiquetas.

Ofensiva de los grandes del automóvil a favor de quedarse

Las empresas del automóvil, responsables de un importante porcentaje del empleo industrial del Reino Unido, doblaron ayer sus esfuerzos para evitar el brexit, según informa la enviada especial de La Voz R. Álvarez Tudela. Fabricantes como Jaguar, Land Rover, Toyota, BMW y Vauxhall, se comprometieron a mantener los puestos de trabajo y la inversión a condición de permanecer en la UE.

Ken Gregor, director financiero de Jaguar y Land Rover, defendió la importancia de la cadena de suministro europea para el crecimiento de su negocio. «La permanencia en la UE, nuestro mayor mercado, aumentará nuestras posibilidades de crecer, crear empleo y atraer la inversión en tecnologías de futuro», puntualizó.

Andy Barratt, director de Ford Britain, menciona las dos grandes preocupaciones de la empresa, la libertad de comercio que tiene Ford por toda la UE gracias a los acuerdos existentes y el futuro de los servicios financieros, pues 12 de las 19 sedes están actualmente en territorio británico. Por su parte, el presidente de Vauxhall, Rory Harvey, recalcó que «no ser parte de la UE sería indeseable para nuestro negocio y el sector en su conjunto».

La industria automovilística en Reino Unido está en fase de crecimiento y produciendo más vehículos que en cualquier momento de su historia. De hecho, se espera que para el año 2020 alcance una producción media de dos millones de coches al año. El sector da empleo a una media de 800.000 personas y aporta unos 15.500 millones de libras a la economía. Alrededor del 80 % de los automóviles fabricados en el Reino Unido se exportan, el 60 % de ellos a Europa.