El tercer todo o nada de David Cameron

mariluz ferreiro REDACCIÓN / LA VOZ

INTERNACIONAL

GARETH FULLER | Afp

Con fama de jugador, convocó tres referendos desde que es primer ministro y ganó dos

19 jun 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

David Cameron, sentado, fumándose un gran puro, jugando una partida de póker. The Economist utilizó esta ilustración en una de sus portadas para referirse a la consulta sobre la independencia escocesa. Cameron ha convocado tres referendos cruciales para el Reino Unido y para su propia trayectoria política desde que llegó al poder y ha conseguido ganar dos. El brexit es su tercera gran apuesta. El primer ministro tiene fama de apostador desde sus tiempos de Eton College.

Se podría decir que incluso la llave que le abrió la puerta de Downing Street fue un referendo. Después de las elecciones del 2010, necesitaba el apoyo de los liberales para gobernar y le ofreció al líder de la formación, Nick Clegg, concederle uno de sus objetivos: plantear a los británicos una reforma electoral. Una de los grandes batallas del Partido Liberal Demócrata ha sido impulsar un sistema proporcional, que dejara resquicios a una tercera fuerza, como es su caso. En el Reino Unido se aplica la mayoría simple en cada circunscripción, el escaño es para el más votado sin que pese la diferencia de papeletas ni el porcentaje obtenido, un mecanismo que históricamente ha beneficiado a los dos grandes partidos. Cameron convocó la consulta, pero esta se convirtió en un caramelo envenenado para Clegg, que la afrontó ya como viceprimer ministro. El 69 % de los votantes rechazaron el cambio en el 2011.

En Escocia, Cameron se jugó el todo o nada. Alex Salmond, entonces primer ministro escocés y líder del partido nacionalista, le propuso una consulta que incluyera una tercera vía, una alternativa intermedia entre el statu quo y la independencia. Era la devolution max, la autonomía fiscal, una especie de versión británica del concierto vasco. Cameron sabía que la opción planteada por Salmond vencería en las urnas y no quería hacer esa concesión. Por eso impuso la disyuntiva de sí o no y concedió, a cambio, que la barrera de edad para decidir se situara en los 16 años, como solicitaban los soberanistas. Cuando negoció estas condiciones, el apoyo a una Escocia independiente ni siquiera alcanzaba el 30 %. Pero la tendencia fue cambiando. Cameron se llevó un buen susto en la última semana de campaña, cuando algunos sondeos pronosticaron el triunfo de los independentistas. El bloque unionista tuvo que pisar el acelerador y enviar refuerzos a tierras escocesas. Fue clave la intervención de Gordon Brown, que apeló a la fibra sensible de sus compatriotas, y también el hecho de que Londres prometiera más autonomía. Finalmente ganó el no por un 55,3 %. Cameron ganó también aquella mano y fue elogiado por nacionalistas de todo el mundo por permitir la votación. En cambio, Salmond dimitió el día después.

Pero la partida de Cameron continúa. El referendo del brexit comenzó a gestarse en el 2013. Entonces el líder tory prometió la consulta ante las presiones de los más euroescépticos de su formación y también para frenar el trasvase de sus votantes hacia el UKIP de Nigel Farage. Tras conseguir la mayoría absoluta en el 2015, recordó su compromiso. Si el Reino Unido continúa en la UE, ya nadie podrá cuestionar el liderazgo de Cameron en el partido conservador. Será, otra vez con suspense, una nueva victoria en otra apuesta arriesgada. Y, de paso, habrá desplumado también a Boris Johnson.