La UE se echa en los brazos de Turquía

Aparca las reticencias éticas bajo arreglos legales para deshacerse de la presión migratoria


bruselas / corresponsal

«No hay alternativa», reconocía ayer en Bruselas  el primer ministro holandés, Mark Rutte, al inicio de la decisiva cumbre europea sobre migración. Los líderes europeos están decididos a bajar hoy los brazos ante Turquía y ceder a sus exigencias. La UE está atada de pies y manos. Por un lado, por el marco legal europeo e internacional que reduce su margen de maniobra para ordenar los flujos irregulares de desplazados y, por el otro, por el deseo de los Gobiernos de poner fin a las llegadas masivas de migrantes

La única salida que se vislumbra es ganarse la simpatía del presidente turco, Tayyip Erdogan, el mismo al que reprochan su autoritarismo, para que ayude a los 28 a deshacerse de la presión migratoria en las fronteras externas, especialmente la griega. Hoy ofrecerán a su primer ministro, Ahmet Davutoglu, una oferta conjunta que Ankara deberá aceptar para que la ecuación funcione.

Bruselas avanzó el trabajo el miércoles al presentar una propuesta de encaje legal que permitirá en la práctica expulsar de forma masiva a todos los refugiados que recalen en las islas griegas procedentes de Turquía. Las reticencias éticas de organizaciones humanitarias y de algunos primeros ministros se han dejado a un lado para ser prácticos. «El acuerdo es complicado, difícil de poner en marcha y está al límite de la legalidad internacional», denunció la presidenta lituana, Dalia Grybanskaite.

Deportación masiva

Arreglos de ingeniería legal. «Todos los nuevos migrantes irregulares que crucen a las islas griegas serán devueltos a Turquía». Se trata de la medida «temporal y excepcional» que los 28 líderes europeos pretenden que Ankara asuma. Esto supone la deportación masiva de quienes pongan un pie en territorio insular heleno. Se les ofrecerá la posibilidad de pedir asilo en Grecia pero tras varios arreglos de ingeniería legal y un compromiso firme de Turquía con los estándares de protección internacionales, se podrá denegar la solicitud alegando que ya se trata de un tercer país seguro. Todavía se negocia el tiempo límite para tramitar de urgencia las demandas de asilo con el objetivo de acelerar las expulsiones.

Adhesión al club

Tan pronto como sea posible. Davutoglu deberá decidir hoy si acepta las concesiones que han elaborado los 28. Según el último borrador de conclusiones de la reunión, la UE estaría dispuesta a aceptar un esquema «voluntario» de reasentamiento de hasta 72.000 refugiados sirios procedentes de Turquía que entraría en funcionamiento cuando se observase el final de los flujos migratorios irregulares o una reducción «sustancial» de los mismos. Si se supera esa cifra, el esquema se podría revisar pero la UE se niega a compromisos de más alcance. 

También se le ofrece a Ankara acelerar la liberalización de visados a finales de junio si cumple con los 72 criterios necesarios antes de que termine abril. Una tarea titánica. No faltaron las críticas a este ofrecimiento: «No podemos mercadear con las condiciones», manifestó el canciller austríaco, Werner Faymann. La misma actitud fue adoptada por su homólogo chipriota, Nikos Anastasiadis, quien se mostró abierto a acelerar el proceso de adhesión de Turquía si cumple con el protocolo de Ankara para la reunificación de la isla. De lo contrario, amenazó, «no habrá nada que hacer». Los 28 ponen sobre la mesa la posibilidad de abrir nuevos capítulos del proceso «tan pronto como sea posible».

También habrá mucho dinero. Los 3.000 millones de euros iniciales que la UE ya está desembolsando y otro sobre de 3.000 millones más para cuando haya resultados sobre el terreno.

Un precedente

La advertencia de Matteo Renzi. «Está bien un acuerdo con Turquía pero debe quedar claro que funcionará como un precedente. Las normas tendrán que valer para el resto de países desde donde esperamos flujos de migrantes». Fue la advertencia que lanzó el primer ministro italiano, Matteo Renzi, temeroso de que otros países vengan con su particular lista de deseos como condición para seguir controlando flujos hacia el país transalpino. España respalda la demanda y pone bajo foco la presión migratoria proveniente del Magreb.

Tsipras llega a Bruselas con su Gobierno metido en plena crisis

¿ARYM o Macedonia? La vieja disputa toponímica abierta entre Grecia y el país balcánico  hace tambalear al Gobierno griego. El primer ministro Alexis Tsipras acudió ayer a la reunión en Bruselas en plena crisis de su Ejecutivo, sin una visión clara de qué va a ocurrir con su ministro de Migración, Yanis Muzalas. El socio de Gobierno, el partido ultranacionalista Anel, exige su destitución por lo que ellos mismos consideran «un lapsus» al haber llamado Macedonia a la Antigua República Yugoslava de Macedonia, dando pie al uso de ese topónimo que los griegos reservan para una de las regiones de su país.

El sector más radical de la formación amenazó con retirar su apoyo a la coalición aunque su líder y ministro de Defensa, Panos Kamenos, aseguró ayer que mantendrán la confianza en el Gobierno. «En quien no confiamos es en Muzalas. Los errores en política se pagan», aclaró. 

La cuestión, que no dejaría de ser anecdótica para cualquier otro partido, es una afrenta para Anel. «Se han despertado fantasmas de los que no creen en nuestra nación», aseguró Kamenos, quien tuvo que expulsar de su partido a uno de sus miembros por insinuar que Muzalas debía ser fusilado. La necesidad que tiene Grecia de firmar de forma urgente un acuerdo con Turquía para aliviar la presión migratoria ha postergado la decisión de Tsipras que no podrá dar esquinazo a sus socios por más tiempo.

España defiende la postura del Congreso y demanda un trato especial para Marruecos

Ni deportaciones masivas ni devoluciones a países terceros considerados inseguros. Ni «expresa» ni «indirectamente». Esas son a grandes rasgos las líneas rojas trazadas por el Gobierno español y el Congreso tras acordar una postura común de cara a las negociaciones con Turquía. España defiende estos días en la capital europea esa visión de consenso sobre el acuerdo migratorio con el vecino turco. Unas condiciones aceptables,  poco problemáticas para el resto de socios, que acudieron ayer al Consejo con una propuesta de Bruselas para encajar legalmente la sustancia del controvertido plan.

Lo que ha quedado fuera de esa posición común es la cuestión de la efervescencia de nuevas rutas migratorias alternativas a los Balcanes, un punto que podría levantar ampollas con el resto de formaciones políticas. ¿Por qué? Rajoy se la dejó en el tintero cuando su Gobierno presentó la propuesta de consenso. Concierne a un asunto espinoso para algunos partidos: Las relaciones con Marruecos y la disputa del Sáhara.

El presidente español trasladará hoy al resto de socios la necesidad de vigilar la apertura de nuevas vías de acceso a Europa ahora que la puerta griega se cerrará. Los flujos empiezan a virar hacia el Mediterráneo central y oriental. Para que la contención sea efectiva, Rajoy sostiene que es necesario ofrecer incentivos a Marruecos, guardián de la frontera española. Rabat rompió recientemente relaciones con la UE después de que la justicia tumbase un acuerdo comercial por la disputa abierta con el Sáhara. El Gobierno español, fuera de la postura acordada con el resto de partidos, defiende que se «cuide» bien al país para que siga conteniendo la salida de migrantes en Ceuta y Melilla y se le otorgue un trato igual de ventajoso que el ofrecido a Turquía. 

El primer ministro italiano, Matteo Renzi, respalda la posición de España. Italia está notando un aumento del flujo de migrantes que intentan alcanzar sus costas desde Libia y Túnez.

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