El Frankenstein republicano


Imparable pese a todo y todos. Inmune a las críticas por insultar a los mexicanos, pedir la prohibición de entrada al país de los musulmanes, burlarse de las mujeres y la última recibir el apoyo del Ku Klux Klan. «Donald Trump es el Frankenstein del Partido Republicano», declaraba ayer el veterano Harry Reid, líder de los demócratas en el Senado. «Se han pasado los últimos ocho años alimentando el fuego del resentimiento y el odio; la construcción de Trump pieza por pieza», sentenciaba. El error de la formación conservadora es no haberse tomado en serio al excéntrico magnate. Se desinflará el solo, pronosticaban. Ahora ya es demasiado tarde para pinchar el globo que protege al monstruo. Una estrella del papel couche, los reality-shows o de Miss América tiene opciones de sentarse en el sillón del despacho oval, algo impensable hace unos meses. La única esperanza del establishment es que aún no tiene los delegados requeridos para la nominación. El 15 de marzo es la fecha tope para que Cruz o Rubio le arrebaten la candidatura. Pero Trump ya ha roto todos los pronósticos, sigue dominando las encuestas y cada votación hace cada vez más inviable pararle. Auguran que la batalla llegará hasta la convención de julio. El votante no comparte la preocupación del partido, que se juega no solo su nominado a la Casa Blanca sino su propia identidad.

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El Frankenstein republicano