Grecia, ¿un campo de concentración para refugiados?

Bruselas fuerza al país heleno a convertirse en un búnker de contención para preservar Schengen


Bruselas / corresponsal

Grecia tendrá que elegir. O expulsa a la fuerza a los inmigrantes de sus fronteras terrestre y marítima o está condenada a convertirse en un campo de concentración para refugiados. El Gobierno de Atenas se encuentra acorralado en un callejón sin salida. Sin capacidad para gestionar por sí solo la crisis migratoria en sus fronteras, se enfrenta ahora al ultimátum de Bruselas. Si no consigue mantener la situación bajo control en los próximos tres meses, se abrirá la puerta a la suspensión de Schengen. La Comisión Europea lo dejó ayer muy claro tras presentar las conclusiones de un informe en el que se ponen de relieve las «graves negligencias y deficiencias» en las que ha incurrido el país que, a ojos de Bruselas, «no está cumpliendo con sus obligaciones».

¿Qué dice el informe?

El documento elaborado por expertos desplegados en Grecia el pasado noviembre revela que «no hay una identificación efectiva de los inmigrantes ni registros automáticos. Tampoco se introducen las huellas dactilares en Eurodac ni se comprueban los documentos de identidad de forma sistemática. No se cotejan ni se cruzan datos en los sistemas de intercambio de información europeos». En resumidas cuentas, los hotspots no funcionan. O al menos, no funcionaban en noviembre. Bruselas reconoce que desde entonces se han dado pasos en la dirección correcta pero que todavía «queda mucho trabajo por hacer». 

¿Grecia es el único responsable?

En absoluto. La UE acusa a Atenas de no aceptar ayuda para controlar sus permeables fronteras con Turquía, puerta de entrada, y con Macedonia, puerta de salida hacia Centroeuropa. Pero lo cierto es que ni los Estados miembro han enviado el contingente de expertos que habían prometido a Grecia ni han cumplido sus promesas de reubicar refugiados a través de los hotspots griegos e italianos. Tampoco Turquía está cumpliendo con su parte del trato que selló con la UE para contener la salida de migrantes a cambio de 3.000 millones de euros.

¿En qué consiste el ultimátum lanzado ayer por Bruselas?

Lejos de exigir por igual a cada parte que asuma sus responsabilidades, la Comisión se ha limitado a dar un plazo de tres meses a Grecia para repeler los flujos migratorios en sus fronteras. No quiere más corredores humanos por los Balcanes sino un fortín heleno que contenga a los miles de refugiados que llegan a su territorio. Si Atenas no cumple con sus recomendaciones, la Comisión apretará el botón rojo y suspenderá el espacio de libre circulación Schengen por un máximo de dos años. Sería la primera vez en la historia de la UE que se invoca el artículo 26 del código que contempla la reintroducción de controles internos en situaciones «excepcionales». Pero antes de llegar a ese punto, Bruselas intentará poner en marcha la guardia europea de costas y fronteras, un cuerpo que podría desplegarse sobre territorio griego sin el consentimiento  del Gobierno heleno. 

¿Qué soluciones ofrece la Unión Europea?

O Atenas accede a convertirse en un campo de concentración de refugiados, aislados del resto de Europa, o los repele en el mar. Pero, ¿cómo?, se preguntaba ayer el ministro griego de Migración, Ianis Mouzalas, en una entrevista con la BBC, antes de revelar la solución que le dio su homólogo belga, Theo Francken, durante la reunión del pasado lunes en Ámsterdam: «Me temo que no me importa si los ahogas, quiero que les hagas retroceder», le habría dicho antes de sugerir la creación de un campo de concentración para 400.000 refugiados en Grecia. Francken negó ayer haber hecho esas «declaraciones grotescas». Austria y Suecia apuestan directamente por expulsar a Grecia del espacio Schengen, una opción que no se contempla en las normas y sobre la que Bruselas no quiere expresarse abiertamente.

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