La marcha del millón de máscaras inunda Londres de disturbios

Activistas enmascarados de Anonymous se adueñaron del centro de la capital


londres / e. la voz

La denominada marcha del millón de máscaras, convocada por el grupo anticapitalista Anonymous a nivel mundial para reclamar la revolución, terminó en Londres con intensos disturbios que dejaron tres policías heridos, un coche policial calcinado y unos 50 manifestantes detenidos. Los activistas se juntaron en la céntrica plaza de Trafalgar, escondiendo sus rostros con máscaras de Guy Fawkes para evitar ser reconocidos y seguir así los pasos del célebre conspirador inglés en el que se basa la película V de Vendetta.

Los manifestantes protestaban por las últimas medidas de austeridad del Gobierno conservador británico, la vigilancia masiva y los abusos contra los derechos humanos, y marcharon sin un claro itinerario ni un líder que les dirigiese por las calles más céntricas de la ciudad. Esto obligó a la Policía a informar en las redes sociales al minuto del rumbo que seguían los activistas a la par que desplegaba un dispositivo de seguridad más complejo del habitual debido al temor a que las protestas terminasen siendo tan violentas como el año pasado.

Algunos activistas portaban mensajes en los que decían que la situación actual no tiene solución y llamaban a la revolución mientras otros decían: «sentimos los inconvenientes, estamos tratando de cambiar el mundo». Un grupo no tuvo reparo en arrojar los pesados conos de tráfico naranja contra los caballos de la policía así como botellas contra los oficiales mientras cantaban al unísono «qué vergüenza, nosotros somos humanos también». El resultado de este enfrentamiento dejó seis caballos heridos y obligó a retirar a los equinos de las tareas de vigilancia, porque se asustaron con las bengalas utilizadas.

La marcha del millón de máscaras evoca el intento fallido de atentar contra el Parlamento británico para matar al rey Jacobo I, a su familia y a la mayor parte de la aristocracia protestante, en el curso de la llamada Conspiración de la Pólvora, que tuvo lugar en noviembre de 1605. Transcurrió por puntos tan neurálgicos del poder británico como Westminster, Downing Street y la sede del Partido Conservador, provocando a su paso cortes en las calles, el desvío de autobuses y el cierre temporal de estaciones de metro para evitar más altercados.

Uno de los que no entienden los motivos de la protesta es el británico Thomas Gorton, quien reconoce que hay cosas que necesitan ser cambiadas con urgencia pero piensa que protestar en masa armados con fuegos artificiales y diciendo «que se jodan los cerdos», no erradicará ninguno de los problemas existentes.

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