¿Hacia la nueva partición en Yemen?

Como cabía esperar, los bombardeos aéreos sobre el Yemen de Arabia Saudí y sus aliados no han conseguido frenar el avance de los revolucionarios hutíes y el expresidente Ali Abdulah Saleh


El pronóstico se ha cumplido: los bombardeos aéreos sobre el Yemen de Arabia Saudí y sus aliados no han conseguido frenar el avance de los revolucionarios hutíes y el expresidente Ali Abdulah Saleh. No era difícil de imaginar. Si alguna lección de historia militar nos ha proporcionado ya el siglo XXI es que las campañas aéreas contra guerrillas apenas consiguen otra cosa que provocar enormes daños colaterales. En el caso de Yemen, la mitad de los muertos en esta guerra son civiles. Un escándalo, un auténtico crimen contra la humanidad. Sin embargo, el silencio de esa misma humanidad en estos cuatro de meses de agresión saudí es casi absoluto, en parte por desidia y en parte porque la propaganda de Riad ha conseguido convencer al mundo de que está librando una guerra contra el expansionismo iraní.

Del supuesto apoyo iraní a los hutíes sigue sin haber el menor indicio. Lo que sí se ha podido documentar abundantemente esta semana es, en cambio, el propio expansionismo de Arabia Saudí, que finalmente está despachando tropas para combatir directamente en Yemen. Es el desesperado plan B que sigue por fuerza al fracaso de la operación aérea. Consiste en una pinza: tropas mecanizadas de los Emiratos Árabes Unidos, aliados de los saudíes, han desembarcado en Adén, en el sur, para hacerse con la base aérea de al-Anad. Mientras tanto, una brigada blindada saudí ha cruzado el rojizo e insoportablemente caluroso desierto de Rub al-Jali para entrar en Yemen por el norte. La idea es que los dos destacamentos confluyan en la ciudad de Taiz, asegurándose así el control de las zonas del país de mayoría sunní.

Lo que pretenden los saudíes es factible militarmente porque las áreas que han elegido para operar son relativamente llanas. Pero si intentan progresar de Taiz hacia el norte, camino de los bastiones de los hutíes en Saada, los saudíes y sus aliados se arriesgan al clásico fracaso de las unidades blindadas en territorio montañoso. Esto podría tener consecuencias históricas para el país, porque conduciría de nuevo a la partición, como ya sucedió entre 1962 y 1990. Entonces, la división acabó siendo entre un Yemen comunista prosoviético y otro conservador prooccidental.

En el escenario actual, sin embargo, las cosas serían muy distintas. El nuevo Yemen del Norte se convertiría efectivamente en un Estado de mayoría chií, y esta vez sí buscaría la ayuda de Irán, que es lo que Arabia Saudí dice querer evitar. El nuevo Yemen del Sur, por su parte, podría acabar dominado por la franquicia yemení de Al Qaida, con la que los saudíes cooperan para contener a los hutíes. Ayer los comandantes de la organización terrorista se paseaban tranquilamente por la recién liberada base aérea de al-Anad, un lugar muy simbólico para ellos porque era desde ahí desde donde Estados Unidos operaba los drones con los que intentaba matarles. De eso hace solo un año. Cómo cambian las cosas.

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