Cuenta atrás final para Grecia

Cristina Porteiro
Cristina Porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

INTERNACIONAL

YANNIS KOLESIDIS | EFE

El enroque del Gobierno de Atenas y los acreedores hace muy difícil que lleguen a un acuerdo en la cumbre del Eurogrupo del jueves

16 jun 2015 . Actualizado a las 07:12 h.

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, está dispuesto a poner al límite los nervios de sus socios y la troika de acreedores. «Vamos a esperar pacientemente hasta que las instituciones accedan a ser realistas», anunció ayer de modo desafiante. Pero, ¿hasta cuándo? Grecia se ha quedado sin fondos y sin apoyos en el Eurogrupo. Ha tenido que retrasar pagos al FMI hasta finales de mes y el BCE ya no se fía de la calidad de su deuda. La Bolsa de Atenas se hundió arrastrando consigo a otras como la de España, donde la prima de riesgo repuntó sensiblemente. La fuga de depósitos agranda día a día la hemorragia de liquidez que sufre el país. Lo más trágico es que, sea cual sea el camino que tome Tsipras, al término de las negociaciones el futuro deparará más sacrificios a los ciudadanos griegos.

¿Qué ocurrirá en el mejor de los escenarios?

Siendo muy optimistas, habrá un acuerdo entre el Gobierno griego y la troika esta misma semana. El Eurogrupo se reunirá el jueves en Luxemburgo. Una vez que los socios del euro den luz verde al plan de reformas, el paquete se someterá a votación en los parlamentos nacionales con tiempo suficiente para que Atenas aplique las medidas y desembolse los fondos antes del 30 de junio.

¿Qué reformas se le exigen a Grecia?

La troika demanda desincentivar las prejubilaciones y vincular las pensiones a las contribuciones a la Seguridad Social. También sugiere amoldar los salarios a la productividad, un mayor esfuerzo fiscal para obtener un superávit primario este año del 1%, y aumentar algunos tramos del IVA.

¿Por qué se opone Tsipras?

Según Atenas, estas demandas implican recortes de pensiones, salarios y una mayor carga impositiva sobre quienes más están sufriendo la crisis. Propone un 0,75% de superávit primario para el 2015 «para no ahogar el crecimiento», un impuesto especial sobre el lujo y lucha sin tregua contra la evasión fiscal. Quiere vincular la devolución de la deuda al ritmo de crecimiento de la economía.

¿Por qué el 30 de junio es la fecha límite?

Ese día hay dos citas cruciales para Grecia. Por un lado, expira su actual programa de rescate y por tanto la única oportunidad de acceder al préstamo de 7.200 millones de euros que necesita para seguir respirando. Por otro, Atenas tendrá que devolver al FMI los 1.600 millones de euros que adeuda del mes de junio.

¿Qué pasa si no paga al FMI?

Entramos en «aguas desconocidas», según el presidente del BCE, Mario Draghi. La consecuencia inmediata es que Grecia declararía impagos. Hablaríamos de quiebra oficial al no poder hacer frente a sus obligaciones con el FMI. A partir de ahí se desencadenaría un pánico bancario que obligaría a las autoridades a imponer control de capitales.

¿Es el Grexit el peor de lo escenarios?

Sin duda. Todos quieren evitar ese desenlace a toda costa. Si los planes de contingencia que prepara la zona euro en caso de impago griego no funcionan, el efecto contagio en los mercados podría comprometer la suerte de los socios que están en la cuerda floja.

¿Hay alternativas al acuerdo o la quiebra?

Sí. Grecia y sus acreedores podrían extender los plazos del actual programa de rescate más allá del 30 de junio. En ese caso, Atenas tendría más tiempo para desembolsar los fondos sin que cunda el pánico en los mercados. Lo que se descarta es la negociación de un nuevo acuerdo. No hay tiempo y Alemania se opone frontalmente.

¿Concluirá la crisis si Atenas recibe ayuda?

En absoluto. Esos 7.200 millones de euros en discordia solo servirán para aliviar temporalmente las necesidades de Grecia. La pesadilla se revivirá cada vez que tenga que hacer frente a nuevas facturas. El Estado aduce que no tiene capacidad para hacer frente a la descomunal deuda que atesora (180% del PIB), motivo por el que Tsipras reclama una quita o reestructuración. Ni sus socios ni el FMI quieren aceptarla porque nadie quiere perder su dinero.