El copiloto se medicó durante mucho tiempo por sus «tendencias suicidas»

Francia no garantiza que pueda identificar a las 150 víctimas de la catástrofe


Berlín / Corresponsal

Alemania sigue preguntándose qué llevó a su compatriota Andreas Lubitz a estrellar el A320 que pilotaba, mientras las autoridades van componiendo poco a poco el puzle de esta tragedia que terminó con la vida de 150 personas hace justo una semana en los Alpes franceses. La Fiscalía de Düsseldorf revelaba ayer nuevos datos que confirman la tesis de que el joven de 27 años sufría graves trastornos psíquicos. Antes de su formación de piloto y de obtener su licencia de vuelo, Lubitz estuvo «bajo tratamiento psicoterapéutico durante largo tiempo por tendencias suicidas», desveló el portavoz de la Fiscalía, Christoph Kumpa.

No obstante, durante las últimas visitas médicas «no se certificó ni riesgo de suicidio ni tendencias agresivas contra terceras personas», apuntó. Tampoco cuadra que no se hallara una carta de despedida. Según la fiscalía, que entre tanto ha interrogado a su pareja, «no se han revelado circunstancias excepcionales que aporten indicios concretos sobre su motivación».

Nada menos que un centenar de agentes integran la comisión especial bautizada Alpes, que rastrea la vida y obra del joven cuyo sueño era pilotar un avión hasta San Francisco. Durante el registro de su domicilio en la capital renana las autoridades encontraron numerosos partes médicos que revelan cómo hace dos semanas un psiquiatra le había dado la baja por trastornos bipolares. Todo apunta, según varios medios alemanes, a que Lubitz era maníaco-depresivo.

Confidencialidad médica

Las bajas, a debate. Mientras Lufthansa evalúa si celebrar o no los 60 años del consorcio, Germanwings, su filial de bajo coste para la que trabajaba Lubitz, asegura que no sabía nada del estado psíquico el piloto. Los médicos, por su parte, aclaran que callaron porque están obligados. Pero, ¿dónde empieza y termina ese deber de confidencialidad? En Alemania el derecho a la protección de los datos personales es mucho más elevado que en otros países.

Todo apunta a que ni Lufthansa ni la Oficina de Aviación Alemana, donde los pilotos han de renovar anualmente sus licencias, estaban al corriente de los problemas psicosomáticos del piloto. Lubitz recibió el año pasado luz verde para volar porque no habría revelado nunca sus problemas. En junio tendría que haberse sometido a nuevos test por parte de un médico de aviación, pero no está claro que esta vez le hubieran retirado la idoneidad.

Mientras políticos alemanes como Dirk Fischer de la CDU reclaman que los «pilotos acudan a facultativos prescritos por sus empleadores, que no tengan que mantener el secreto profesional de cara a la empresa», el colegio de médicos en Alemania advertía contra medidas efectistas, pero no efectivas, basadas en un caso aislado. Además es cuestionable que menos confidencialidad hubiera evitado la catástrofe.

Según los expertos, solo arredraría a muchos de acudir a un especialista en busca de ayuda, por temor a que la empresa acabara enterándose. La apariencia de Lubitz era completamente normal. «Controlaba perfectamente el avión», explicaba el capitán Frank Woiton al diario Bild. Woiton voló varias veces con Lubitz.

Identificar a las víctimas

Habrá que esperar entre dos y cuatro meses. Mientras, en los Alpes continúa la búsqueda de vestigios humanos de la catástrofe. El fuerte viento impidió ayer a los técnicos acceder en helicóptero a la zona por donde están esparcidos los restos. Sin embargo, las excavadoras que llevaban días tratando de acondicionar un sendero lo consiguieron ayer y ya se puede acceder a pie hasta el macizo de Trois Évêches (Tres Obispos). El Instituto de Investigación Criminal de la Gendarmería francesa (IRCGN) informó de que esta semana confían en acabar con la recogida de restos humanos. La identificación de las víctimas se dará a conocer en un período de entre dos y cuatro meses. «No se comunicará ninguna identidad hasta que se tenga el resultado de todos los análisis y eso tardará entre dos y cuatro meses», manifestó el coronel François Taoust, director del IRCGN. Añadió que no pueden garantizar siquiera que se vayan a poder identificar a las 150 víctimas. Las dos semanas siguientes se dedicarán a la recogida de trozos del fuselaje del avión y, las dos posteriores, a inspeccionar de nuevo la zona para localizar cuerpos que pudieran haber estado ocultos bajo ese material, detalló Taoust.

La otra caja negra

Un cilindro del tamaño de una lata de conservas. Los especialistas peinan la zona en busca de la segunda caja negra, que contiene los datos técnicos del vuelo. «Estos aparatos solo emiten una señal en contacto con el agua», informó Jens Friedemann de la Oficina Federal de Investigación de Accidentes Aéreos de Alemania (BFU). «Esto quiere decir que la caja negra no emite señal alguna en los Alpes», agregó. Dentro de la caja hay un chip con cientos de datos guardados en un cilindro del tamaño de una lata de conservas. Esta información ayudará a los investigadores a saber lo que pasó los últimos minutos del vuelo Barcelona-Düsseldorf.

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