Tragedia en Germanwings: «El martes nadie oyó nada»

El hombre que guio la primera expedición a la zona cero cuenta a cómo se sintió el impacto


«A vuelo de pájaro, el lugar del accidente está a unos dos kilómetros de aquí. Pero el martes por la mañana nadie oyó nada. Un amigo que estaba en casa no escuchó el ruido. Lo que vio, de repente, fue cómo una columna de humo marrón ascendía desde la parte baja del cañón». Max Trencherd conducía al grupo que llegó el primero al lugar del accidente. Desde el balcón de su casa en Le Vernet muestra con la mano el Tête de la Bau. El impacto fue justo detrás, en una profunda hendidura entre las montañas.

Fotógrafo y alpinista, fue él quien guio, junto con sus colegas Jean Louis Bietrix y Bertrand Richard, a los gendarmes hasta la zona del choque. Conoce cada palmo y, por eso, sabe por qué no se escuchó el golpe. La orografía del lugar amortiguó el estruendo. «No se oyó porque el avión cayó en la parte más profunda del cañón. En esta zona de la cordillera las montañas no son muy altas -unos 1.550 metros-, aunque entre ellas se forman estrechos pero profundos cañones», describe. Es como si la montaña ensordeciera el impacto engullendo al avión. El humo fue lo que, al parecer, señaló realmente el lugar en el que podría haber caído el aparato tras perder el contacto con la torre de control. Antes había caído desde su altura de crucero durante ocho minutos.

El martes por la mañana, a la hora del accidente, Max estaba en Digne-dels-Bans con su esposa. Regresó a casa y vio cómo unos helicópteros sobrevolaban ya la montaña que se ve desde el balcón de su casa en Le Vernet. Encendió el televisor y escuchó la noticia. No tardó mucho en sonar el teléfono. Fue en torno a la una y cuarto de la tarde. «Llamaban de la gendarmería para pedir ayuda, para que guiara a algunos agentes hasta el lugar del choque. Los llevé, por supuesto. Llamé a unos colegas, agarré el coche y subimos», explica.

El punto en el que cayó el Airbus es de acceso complicado. «El terreno es rocoso, hay hierba, pero también guijarros. No es fácil acceder porque es muy empinado y se resbala. Es un cañón muy profundo», describe.

La marcha a la zona cero fue larga. «Unos 40 minutos de coche por pistas complicadas hasta Col de Mariaud, a una altura de unos 1.500 metros. Luego tuvimos que andar durante otros 50 minutos a través de un terreno escarpado y peligroso. Fuimos por la ruta más corta. Lo que vimos resulta complicado de explicar porque el trozo de avión más grande correspondía a cuatro ventanillas del avión», recuerda.

«¿Dónde está el avión? Eso fue lo primero que me pregunté al llegar. Pero lo realmente duro fue pensar la respuesta a la segunda de mis preguntas: ¿Dónde están las 150 personas que viajaban en él?». No era la primera vez que los ojos de Max Trencherd se enfrentaban a una tragedia aérea. Fue fotógrafo en el Ejército. Trabajó en una compañía de vuelo en helicóptero y perdió a seis amigos en accidentes aéreos. Según sus palabras, en ese primer vistazo resulta más dramático ver un cuerpo inerte en un accidente de tráfico, pero en este caso lo realmente dramático es la ausencia de cualquier resto.

Esa nada es lo que le devolvió el recuerdo de aquellos otros accidentes en los que perdieron la vida sus amigos. Por eso entiende que cuando llegaron al lugar, uno de los gendarmes, que nunca había visto nada parecido, quedara paralizado. También entiende que las familias quieran subir. Cuando abran la zona, él mismo se prestará a llevarlas. Como montañero, es su tributo a las familias y a la montaña.

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