Rusia insufla vida a la OTAN

La inseguridad en las fronteras le devuelve el papel que había perdido


Bruselas / E. La Voz

«Esta crisis es una llamada de atención para todos en Europa. Ya no podemos dar por hecha la seguridad. Tenemos que invertir en ella si queremos preservarla». Esta fue la significativa advertencia que lanzó ayer el secretario general de la OTAN en Luxemburgo, Anders Fogh Rasmussen, antes de comenzar su encuentro con los ministros de Defensa de la Unión Europea.

Su voz no es la única que resucita con sus declaraciones los viejos fantasmas de la guerra fría. El ministro de Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, recordó el mes pasado que «nunca hay que dar la paz por garantizada», y el vicecanciller germano, Sigmar Gabriel, añadió el lunes, durante un evento en Berlín que conmemoraba el centenario de la Primera Guerra Mundial, que «Rusia parece estar dispuesta a echar a rodar sus tanques sobre las fronteras europeas».

El desafío del presidente ruso, Vladimir Putin, ha reavivado la inseguridad en las fronteras europeas, pero también ha insuflado vida a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, ansiosa por justificar su pervivencia 25 años después de la caída del Muro de Berlín, símbolo del fin de la guerra fría entre Occidente y la Unión Soviética.

Hace unos días una fuente diplomática de Bruselas comentaba: «El conflicto en Ucrania es lo mejor que le ha podido pasar a la OTAN». Otra fuente diplomática apunta al error de cálculo de Putin: «Ha conseguido algo impensable. La Unión Europea y Estados Unidos se han reconciliado tras el escándalo del espionaje de la NSA y ha traído de vuelta a los norteamericanos que estaban concentrados en el Pacífico».

Más inversión en defensa

En efecto, tras varios años en los que la aportación de los aliados europeos a la OTAN menguó, de nuevo se presenta la ocasión para que su secretario general, Rasmussen, exija más apoyo militar para la «defensa colectiva» de Europa por «tierra, mar y aire».

Hoy se reunirá a nivel de embajadores y debatirán sobre la revisión de los planes de defensa, el refuerzo de los ejercicios militares y sobre los «despliegues apropiados» para apuntalar las fronteras en los países del Este y responder de forma «proporcional» a la amenaza rusa.

 Los aliados no tienen ningún apetito de una intervención militar. El objetivo es exhibir el potencial militar de la Alianza Atlántica para disuadir a Moscú de avanzar posiciones en el continente europeo. Por el momento, Estados Unidos ya ha aumentado la presencia de cazas en Polonia y los países bálticos. También está previsto el inicio de maniobras en el este y países como Estonia han pedido el envío de más tropas a su territorio.

Para la OTAN ahora la mayor preocupación son los 40.000 efectivos que, según sus cálculos, Moscú tiene desplegados a lo largo de la frontera ucraniana. El Kremlin califica de «absurdas» las cifras y niega que haya tropas rusas en Ucrania.

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