«Solo espero que el derramamiento de sangre sirva de algo»

El lucense Jaime Fernández vivió los disturbios en Kiev en primera persona

El lucense Jaime Fernández Jul, ante los restos de una barricada en la capital ucraniana
El lucense Jaime Fernández Jul, ante los restos de una barricada en la capital ucraniana

ferrol / la voz

Cuando Jaime Fernández Jul llegó a Kiev en el año 2006 tras abandonar su Lugo natal -«di que soy de Guntín de Pallares»- le costó acostumbrarse a la vida de allí. Hoy está plenamente integrado y hasta le ha cogido cariño a la ciudad. Desde su despacho en la oficina comercial de la Embajada apenas se enteraba de lo que ocurría en la plaza de la Independencia. Tampoco era aconsejable acercarse mucho. «Maidan era como un escenario de guerra. Los días de más violencia cerramos la oficina aunque la vida más allá de la plaza era de total normalidad», comenta.

No hubo nunca problemas serios de abastecimiento en los supermercados, gasolineras, cajeros. Recuerda que al principio las protestas se celebraban en un ambiente pacífico, casi festivo. «Había conciertos, gente comiendo en la calle, tiendas de campaña, era como un festival de música. Venía gente de toda Ucrania», evoca.

Pero todo se complicó cuando la policía empezó a cargar violentamente. Las decisiones del Gobierno tampoco ayudaban a calmar los ánimos. «No sé si fue por torpeza política pero cada vez que la gente se tranquilizaba un poco el presidente sacaba una nueva ley para efurecerlos más».

Jaime es más bien pesimista sobre la salida a la crisis. «La corrupción está generalizada. Desde arriba hasta abajo. Los parlamentarios son gente que se hace inmensamente rica gracias a sus privilegios. La gente tiene la esperanza de que en la UE eso no ocurra. En Maidan sigue la gente, pero es una ensalada peligrosa de grupos de distintas ideologías, incluso de corte fascista, y cada uno quiere tirar para su lado». Todo el mundo mira con preocupación lo que está ocurriendo en el sur. «La situación en Crimea está algo manipulada. Una cosa es que la gente sea prorrusa y otra que quieran pertenecer a Rusia. Mucha gente en el este del país son hijos de trabajadores rusos de las zonas industriales. ¡Cómo no van a ser prorusos!»

«Pensaban que la ciudad ardía»

Desde Galicia su familia vivió con mucha preocupación los acontecimientos en Kiev. Él desdramatiza. «Me llamaban desde casa y pensaban que la ciudad estaba ardiendo por los cuatro costados. Viendo los periódicos es normal que tuvieras esa imagen. Yo vivo a dos kilómetros de la plaza y podía irme tranquilamente a tomar una cerveza».

Está contento en Kiev. La gente es muy amigable y la ciudad es bonita. «Aquí la gente es muy ostentosa. Aunque los sueldos son pequeños muchos llevan móviles caros, buenos coches. La imagen para ellos es muy importante. Yo vivo bien aquí. Los alquileres son carísimos pero la factura unificada de agua, luz y gas no suele llegar a 400 grivnas (unos 30 euros)». Ahora Ucrania debe decidir su futuro. «Solo espero que todo ese derramamiento de sangre haya servido para algo», sentencia.

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