Una revolución con sabor agridulce

Antiguos seguidores de Mursi suman su alegría a la de los opositores

Helicópteros militares y miles de personas festejan en la plaza Tahrir la caída de Mursi.
Helicópteros militares y miles de personas festejan en la plaza Tahrir la caída de Mursi.

Omán / E. La Voz

El joven egipcio Amr Elsayad confirmó sus peores temores durante la protesta que por cuarto día consecutivo pedía la caída del presidente Mursi en El Cairo. «Me alegro de que Mursi se haya ido, pero no me gusta lo que ha sucedido», dijo al conocer que el Ejército tomaba el control del país apoyado por las fuerzas de oposición y las máximas autoridades religiosas. Entre las decenas de miles de personas que se manifestaban, había visto a Faiza Aboul Naga, política ligada al antiguo régimen de Hosni Mubarak y ministra durante la polémica transición liderada por la Junta Militar.

«¿Sabes qué significa eso? El apoyo es también proMubarak y creo que el antiguo régimen ha vuelto de alguna manera». Amr regresó alicaído a casa entre la exaltación y la algarabía de la mayoría que celebraba el fin de una presidencia.

En Alejandría, Ahmed Ibrahim, de 19 años, se mostró muy entusiasmado porque asistió a su primera manifestación. «Enloquecí con la manera en la que habló Mursi [el martes previo al fin del ultimátum militar]; igual que Mubarak, dijo que no se iría y pensé que ya estaba bien. Decidí salir a la calle».

Ahmed representa la pérdida progresiva de apoyo que ha sufrido Mursi. Como toda su familia, había votado y apoyado a los Hermanos Musulmanes, por lo que ni siquiera se habían unido a la protesta del 30 de junio. Ese día era la fecha elegida por el movimiento Tamarod (Rebelión) para pedir la caída del presidente.

«No estoy en contra de ellos porque persigo su objetivo, pero no entiendo por qué se unen a los fulul (como llaman a los restos del antiguo régimen)», insiste Amr. Incluso la emblemática página de Facebook, Todos somos Khaled Said, icono de la revolución de los jóvenes del 25 de enero (2011), se declaró neutral hacia la convocatoria, y alertó sobre la presencia de simpatizantes del antiguo régimen en Tahrir. Pero solo lo hizo la versión inglesa, que se desmarcó de la árabe, lo que generó un aluvión de comentarios entre los internautas que criticaban que hablara en nombre de la Revolución. La convocatoria resultó ser una de las más concurridas de estos dos años de protestas.

Doce meses después de que Mursi inaugurara una nueva etapa civil, la polarización social de Egipto enfrenta a los aliados de los Hermanos Musulmanes con el resto del país, en el que es posible encontrar un amplio espectro de ideologías, confesiones y sentimientos.

Los análisis más pesimistas auguraban un contexto de guerra civil. Ahmed está convencido de que la única esperanza era que el Ejército se hiciera con el control «temporalmente». «Mi madre está haciendo una tarta para festejarlo», dice lo que ilustra el ambiente festivo. Mientras, Amr habla de «antirrevolución». «Yo soy de los que cree que ha sido un golpe de Estado», afirma dede El Cairo.

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