Una lección de incivismo


Hace unas pocas semanas, las colas ante los colegios electorales eran kilométricas y duraron horas y horas. Se trataba de elegir como responsable máximo de la dirección de los destinos del país entre un Chávez enfermo, que ya llevaba 14 años en el poder, y un dinámico Henrique Capriles.

A pesar de las expectativas despertadas por Capriles, al final, la gran mayoría de los venezolanos que acudieron masivamente a las urnas -unos de motu propio y otros por efecto de la Operación Remolque- se decantaron por la continuidad y Capriles asumió su derrota con una elegancia intachable.

El pasado domingo los venezolanos tenían una nueva cita con las urnas. Esta vez no elegían presidente, sino los gobernadores que rigen los destinos de los 23 estados en los que está dividido administrativamente el país. Esta vez también hubo colas kilométricas, pero no ante los colegios electorales, sino en las carreras de salida a las playas -en esas latitudes el clima en diciembre es igual que el del verano o incluso mejor-, en los centros comerciales y sobre todo en los puntos de venta de ingredientes para las populares hallacas navideñas.

Unos ocho millones de ciudadanos con derecho al voto -el 46 %- pasaron olímpicamente de acudir a votar, a pesar de que el chavismo prepara la sustitución del actual modelo de administración regional por otro más centralista que llama Poder Comunal. El resultado fue que el chavismo recuperó el gobierno de cuatro estados, entre ellos el emblemático de Zulia. Lo del domingo fue toda una lección de incivismo del electorado opositor y de sus dinosaurios político-mediáticos.

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