El centroderecha se viene abajo

Leoncio González

INTERNACIONAL

25 abr 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

¿Esperó el ultraderechista Geert Wilders a que se celebraran las elecciones en Francia para hacer definitivo su rechazo a los recortes que pretendía acometer el Gobierno holandés? Tanto si es casual como premeditada, la coincidencia entre su decisión de arrojar a los leones al primer ministro Rutte y la humillación dolorosa que sufrió Sarkozy, primer presidente en la historia reciente de Francia que busca un segundo mandato y no gana en la primera vuelta, concede una extraordinaria resonancia al boquete que se divisa en los dos países que con más entusiasmo secundaron el diktat de austeridad impuesto por Berlín a la eurozona.

Se trata de la corrosión brutal que causa a los partidos de centroderecha que intentan imponerlo, incapaces de convencer a los ciudadanos de la bondad de los sacrificios, de frenar la peregrinación de parte de sus votantes hacia la ultraderecha y, por último, de neutralizarla para contener su influencia en las instituciones. Esto está convirtiendo a fuerzas xenófobas, antieuropeístas e intolerantes en árbitros de la situación de países que están en los orígenes y en el centro de la Unión, con una capacidad creciente para imponer sus agendas al resto de las fuerzas democráticas.

Sería inapropiado descargar toda la culpa del auge populista sobre la disciplina de hierro que exige Alemania a los socios europeos, ya que empezó a producirse antes de que estallara la crisis financiera. Parece fuera de duda, en cambio, que la cruzada para rebajar el déficit sin reparar en los costes sociales cataliza el atractivo de las formaciones radicales: les permite ocupar el terreno que dejan vacío los moderados en su afán de podar y convertirse en portavoces de los más desesperados.

La consecuencia a corto plazo es que la inductora de la política de ajustes, Angela Merkel, empieza a encontrarse llamativamente sola, con los miembros de su familia ideológica malheridos o a punto de ser expulsados del terreno de juego por las urnas. La onda expansiva a largo plazo será un aumento de la incertidumbre en la eurozona. Si no se remedia el desgaste de quienes están al volante de la austeridad, pronto no quedará en Europa quien quiera seguir adelante en ese autobús.