Las fotos de Al Asad se repiten en la capital; en la periferia es otra historia
09 ago 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Una ciudad fantasma se antoja hoy Damasco, sin el vaivén de mercaderías y turistas en sus calles. Muchas tiendas permanecen cerradas y, las que, no se abalanzan con descuentos impensables hace cuatro meses sobre los atrevidos turistas que se pueden contar con una mano. Los hoteles han rebajado sus precios a la mitad en busca de liquidez. Todos temen un ramadán sangriento, con poco que celebrar.
A pesar del siniestro panorama de una Siria que se debate desde hace cinco meses entre la perpetuación del régimen de los Asad y el triunfo de la revolución, los ciudadanos sirios siguen tranquilizando a todo turista con la resabida frase de «aquí no pasa nada». Y efectivamente, si alguien no sale de Damasco se lleva una impresión de total tranquilidad, a pesar de la ausencia de los turistas.
Los hoteles de mochileros son generalmente controlados por mukhabarats (policías secretos), muchos de ellos miembros del clan alauí. Alí es uno de ellos, pero se muestra tranquilo ante el panorama: «Nuestro presidente es un hombre inteligente y que ama a su tierra. Los manifestantes son un puñado de locos instigados por el extranjero». «Aquí no intervendrá nadie como en Libia. La comunidad internacional lo tiene muy claro. Si entra alguien en Siria, aquí tenemos misiles suficientes para alcanzar a todo el territorio israelí. Eso sin contar los misiles que Hezbolá tiene en el sur del Líbano. De comenzar una guerra, Siria puede ser destruida, pero Israel con ella, y eso no le interesa a la comunidad internacional. Estamos en tablas», asegura el joven baazista Alí.
En Damasco, la batalla por la opinión pública es visible en cada tienda, cuartelillo o calle concurrida. Pósteres de Al Asad con gafas de sol y uniforme militar, banderas de Siria o retratos del rais por doquier con eslóganes como «El pueblo quiere a Bachar al Asad» o caricaturas de una paloma atrapada entre los disparos de varios hombres cargando cada uno un cartel de canales árabes y occidentales como Al Yazira, Canal 24 horas, Al Arabiya o CNN.
La periferia, zona rebelde
No obstante, la periferia de Damasco, donde numerosas manifestaciones han tenido lugar no abrazan el culto al líder, y sus calles no tienen mas decoraciones que las de la llegada del ramadán. El bario de Bab al Mussalah es uno de ellos donde no hay ni rastros de las fotos del rais y donde se encuentra una mezquita a cada 10 metros.
Otro joven sirio que prefiere mantener el anonimato auspicia un ramadán sangriento. El presidente sirio ha prohibido las reuniones en las mezquitas tras el final diario del ramadán, cuando el iftar rompe el ayuno y los fieles se reúnen para rezar y compartir los alimentos por primera vez en el día. El hecho de que las mezquitas sean el único lugar de congregación para los protestantes ha hecho sonar la alarma ante el régimen, que no pretende tolerar manifestaciones diarias ante la llamada a la oración.
Sin embargo, para este joven el Gobierno no ha dicho la última palabra todavía. «Cuando los Asad quisieron dar fin a las protestas de los Hermanos Musulmanes, arrasaron la ciudad matando a 20.000 personas en una semana. Hoy, los sirios nos preguntamos por qué el régimen está siendo tan suave con solo 1.500 muertos en cinco meses. Creo que el régimen está tanteando la respuesta de la comunidad internacional y si esta no se opone con firmeza, entonces llegará la verdadera matanza».