¿Tú también, Ollanta?

Leoncio González

INTERNACIONAL

La transformación de Ollanta Humala recuerda de inmediato la experimentada no hace tanto por otro antiguo chavista, el presidente de El Salvador. Mauricio Funes no abjuró públicamente de quien había sido su fuente de inspiración pero tan pronto como llegó al poder optó por salvaguardar su independencia y no dejarse arrastrar a la línea de confrontación directa con Washington promovida por Caracas.

La mutación dice mucho de la capacidad de adaptación del futuro presidente peruano, obligado a reinventarse para aventar los temores que había esparcido en su país con un pasado golpista y las convicciones dudosamente democráticas de que hizo ostentación hasta hace meses. Pero, sobre todo, tiene el interés de reflejar el giro que ha experimentado buena parte de la izquierda latinoamericana que asomó a la vida pública enarbolando el rupturismo bolivariano para acabar sucumbiendo hechizada al gradualismo reformista de Brasil.

El cambio de preferencias reduce, como es obvio, la influencia que proyecta Caracas sobre el continente, pero puede tener además un efecto añadido en su política interna. No es el resultado de una conjura imperialista, sino que surge desde dentro, en respuesta a las condiciones de cada país y después de comparar los resultados a que ha dado lugar el modelo adoptado por Chávez en Venezuela y por Lula en Brasil. Si no quieren para ellos el rumbo que imprime el primero significa, como poco, que lo consideran un riesgo.

Esto hace inevitable que, antes o después, muchos venezolanos que todavía permanecen al lado del jefe bolivariano se pregunten en qué se está equivocando para quedarse cada vez más solo. La respuesta no les gustará.