EE.UU. y la UE alertan sobre la expansión de la red terrorista del Magreb
01 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Los islamistas de Al Qaida en el Magreb Islámico (AQMI) tenían ya en su poder fusiles Kalashnikov y lanzacohetes, pero ahora, gracias al saqueo de los cuarteles de Libia, disponen de explosivos militares y de temibles armas antiaéreas, como el misil SAM-7. Los ministros del Interior del G-6 (Alemania, España, Francia, Italia, Polonia y el Reino Unido) y de EE.UU. estimaron ayer en Madrid que es urgente intentar frenar la expansión de AQMI y la llegada de armamento, vía Libia, a Níger y a Mali
La intercepción, el 12 de abril en el desierto de Níger, de contrabandistas de armas que llevaban 640 kilos de explosivos, incluyendo Semtex checo, y 435 detonadores, confirmó los peores temores de los servicios de inteligencia occidentales y magrebíes: la transferencia a esta guerrilla de importantes lotes de armas de guerra de Gadafi.
«Con el armamento saqueado en los cuarteles libios han pasado a un nivel superior: los terroristas de Al Qaida disponen ahora de armas de guerra sofisticadas, y esto es muy preocupante», afirmó desde Argel el experto Mohamed Mokeddem, autor de Francia y el islamismo armado.
«La crisis libia está teniendo influencia sobre Al Qaida en el Magreb Islámico, en concreto una que nos parece especialmente negativa y es la aparición de armas del Ejército libio, o de lo que queda de él, en manos de los terroristas», declaró el ministro Alfredo Pérez Rubalcaba. «Si no activamos más nuestros planes, AQMI puede aprovechar esta circunstancia para crecer, y si crece AQMI [...] crecerá el crimen organizado y crecerá el riesgo para Europa y Estados Unidos», avisó Rubalcaba en una rueda de prensa junto a su homóloga estadounidense, Janet Napolitano.
Por eso, los ministros del Interior del G-6 pedirán que se convoque una reunión sobre el Sahel con sus homólogos de Exteriores y de EE.UU. y con la Unión Africana para una estrategia conjunta de lucha antiterrorista.
Rusia pidió ayer explicaciones a Francia sobre el suministro de armas a los rebeldes libios, que su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, consideró un grave incumplimiento de la resolución 1970 de la ONU -que autorizó la intervención militar en Libia-. China también mostró su oposición a sobrepasar el mandato de la resolución.
La iniciativa de París tampoco ha sido bien recibida por algunos socios de la OTAN. Su secretario general, Anders Fogh Rasmussen, se vio obligado a responder a la pregunta de si la Alianza está involucrada en el citado suministro de armas, o si tiene conocimiento de ello. Su respuesta fue clara: «No».